martes, 6 de enero de 2015

LA NIÑA SALVADA POR LOS ÁNGELES
Patricia, tiene siete años. Estudia en una escuela, ayer salió de vacaciones, prepara con sus padres, su hermanito y su primo, un viaje al sur de la Gran Nación. Sus padres son maestros de escuela, poseen una significativa  herencia. Sus abuelos maternos fueron dueños de una mina de carbón que enajenaron antes de morir, para heredar a los hijos.  Don Johon, aficionado desde niño a los aviones, negoció uno pequeño para pasear con su familia. La escuela de Aviación, lo acreditó como piloto. Después de los preparativos, partió la familia al sur, hermosas playas y muchas flores los esperaban, por eso, ese estado se llama La Florida. Al Norte había mucho frio, hielo y nieve, en La Florida era diferente, el agua del mar aunque un poco fría, agradaba a los vacacionistas del Norte, Canadienses,  vecinos de los Grandes lagos y Europeos, en donde el Invierno es muy crudo en esta época.
                        La temporada fue deliciosa, Patricia hizo muchas amiguitas en la playa y en el Hotel, su genio era maravilloso, su sentido de la amistad sincero, muchas personas, incluso mayores, buscaban su amistad. Llegó el momento de regresar. El vuelo duraría dos  a dos horas y media. La Torre de Control, avisó, don Johon,  levantó vuelo. Con la ausencia del sol, todo quedó oscuro. Los niños conversaban alegremente, recordando su estadía en La Florida, explotaban en carcajadas con frecuencia.
                        Algo movió fuertemente el avión, los niños notaron afanados a su padres, especialmente al piloto. El aparato perdió altura muy rápido, amarren bien sus cinturones, gritó la madre, un golpe seco los dejó aturdidos. Al primer golpe con un árbol, Patricia salió como un proyectil, al partirse el avión que cayó totalmente destrozado en el bosque. Patricia quedó inconsciente, sintió en su cuerpecito el calor de un incendio. Despertó lentamente y vio cómo su avión se había convertido en una gran bola de fuego, muy cerca de donde estaba. Quiso descubrir a alguien, no vio nada. Prorrumpió en llanto, trató de desmayarse de nuevo, pero alguien la tomaba de los bracitos y la levantaba. Creyó que eran unos grandes pájaros por sus alas gigantes, pero no, eran unos jóvenes alados que la auxiliaban, oyó música celestial, los ángeles le indicaron hacia dónde debía caminar... No podía, el bosque totalmente oscuro, negro, solo árboles y sonidos de animales por todas partes. Sacó fuerzas, empezó el camino, habría recorrido media milla,  vio un enorme bulto que se movía,  se le acercaba poco a poco, sintió unos resoplidos en su carita, vio unos ojos brillantes y unos colmillos terribles, amenazantes. Era un gran Oso negro que quería comérsela. Dio un grito. Una nube de libélulas, luciérnagas y cocuyos, la arrebataron y la llevaron muy cerca de una cabaña, la única que había en la zona.
                        Llamó con vocecilla muy dulce,  un señor abrió, alumbró con una enorme linterna y se encontró con tan hermosa creatura. Su carita estaba llena de sangre. La tomó por los bracitos y la introdujo en la cabaña, su esposa y una niña de la misma edad de Patricia la recibieron con lágrimas, le limpiaron la carita, los brazos, la curaron de sus heridas, Patricia les contó lo sucedido. Los cuatro lloraron, luego pidieron ayuda a la policía. Al filo de la madrugada, llegó a la cabaña la tía de Patricia, después de llorar con ellos un buen rato, llevó la niña a su casa. La tía y la niña nunca olvidaron a los ancianos generosos que limpiaron su carita en esa noche de angustia.
                                                                                                            EAFB.1/15



 

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