LA NIÑA SALVADA POR
LOS ÁNGELES
Patricia,
tiene siete años. Estudia en una escuela, ayer salió de
vacaciones, prepara con sus padres, su hermanito y su primo, un viaje al sur de
la Gran Nación. Sus padres son maestros de escuela, poseen una
significativa herencia. Sus abuelos
maternos fueron dueños de una mina de carbón que enajenaron antes de morir,
para heredar a los hijos. Don Johon,
aficionado desde niño a los aviones, negoció uno pequeño para pasear con su
familia. La escuela de Aviación, lo acreditó como piloto. Después de los
preparativos, partió la familia al sur, hermosas playas y muchas flores los
esperaban, por eso, ese estado se llama La Florida. Al Norte había mucho frio,
hielo y nieve, en La Florida era diferente, el agua del mar aunque un poco
fría, agradaba a los vacacionistas del Norte, Canadienses, vecinos de los Grandes lagos y Europeos, en
donde el Invierno es muy crudo en esta época.
La temporada fue
deliciosa, Patricia hizo muchas amiguitas en la playa y en el Hotel, su genio
era maravilloso, su sentido de la amistad sincero, muchas personas, incluso
mayores, buscaban su amistad. Llegó el momento de regresar. El vuelo duraría
dos a dos horas y media. La Torre de
Control, avisó, don Johon, levantó
vuelo. Con la ausencia del sol, todo quedó oscuro. Los niños conversaban
alegremente, recordando su estadía en La Florida, explotaban en carcajadas con
frecuencia.
Algo movió fuertemente
el avión, los niños notaron afanados a su padres, especialmente al piloto. El
aparato perdió altura muy rápido, amarren bien sus cinturones, gritó la madre, un
golpe seco los dejó aturdidos. Al primer golpe con un árbol, Patricia salió
como un proyectil, al partirse el avión que cayó totalmente destrozado en el
bosque. Patricia quedó inconsciente, sintió en su cuerpecito el calor de un
incendio. Despertó lentamente y vio cómo su avión se había convertido en una
gran bola de fuego, muy cerca de donde estaba. Quiso descubrir a alguien, no
vio nada. Prorrumpió en llanto, trató de desmayarse de nuevo, pero alguien la
tomaba de los bracitos y la levantaba. Creyó que eran unos grandes pájaros por
sus alas gigantes, pero no, eran unos jóvenes alados que la auxiliaban, oyó música
celestial, los ángeles le indicaron hacia dónde debía caminar... No podía, el
bosque totalmente oscuro, negro, solo árboles y sonidos de animales por todas
partes. Sacó fuerzas, empezó el camino, habría recorrido media milla, vio un enorme bulto que se movía, se le acercaba poco a poco, sintió unos
resoplidos en su carita, vio unos ojos brillantes y unos colmillos terribles,
amenazantes. Era un gran Oso negro que quería comérsela. Dio un grito. Una nube
de libélulas, luciérnagas y cocuyos, la arrebataron y la llevaron muy cerca de
una cabaña, la única que había en la zona.
Llamó con vocecilla muy
dulce, un señor abrió, alumbró con una
enorme linterna y se encontró con tan hermosa creatura. Su carita estaba llena
de sangre. La tomó por los bracitos y la introdujo en la cabaña, su esposa y
una niña de la misma edad de Patricia la recibieron con lágrimas, le limpiaron
la carita, los brazos, la curaron de sus heridas, Patricia les contó lo
sucedido. Los cuatro lloraron, luego pidieron ayuda a la policía. Al filo de la
madrugada, llegó a la cabaña la tía de Patricia, después de llorar con ellos un
buen rato, llevó la niña a su casa. La tía y la niña nunca olvidaron a los
ancianos generosos que limpiaron su carita en esa noche de angustia.
EAFB.1/15
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