martes, 6 de enero de 2015

EL RASTRO DEL PELÍCANO
(Pelican Trace)

Estos días anteriores ha caído mucha nieve, ha sido un invierno crudo. Pero hoy el sol es esplendente, cara nueva y radiante. Salgo de mi cabaña y pienso dar un paseo corto por  el bosque, claro está muy bien abrigado. Todo es nieve dura, hago esfuerzos para no resbalar, me cojo de un árbol, del otro y ya tengo diez minutos de caminata en pleno bosque.

He tenido cuidado pues enormes carámbanos cuelgan amenazantes de los árboles más grandes. Por un claro del bosque veo pasar un grupo muy grande de pelícanos blancos, muy grandes, de pronto, uno de ellos se viene sobre mi cabeza y otro mucho más grande lo persigue. Los veo cerca, es un polluelo seguido por su madre, posiblemente.   Un poco adelante se me  pierden de vista, seguro han caído al bosque, deben estar sobre algún árbol, trato de seguirlos y me encuentro con unas huellas de una persona, una planta un tanto redonda y cinco dedos. Será? No, no  puede ser, son las huellas de un oso, abundan por estos lados y voy un tanto prevenido.

Sigo las huellas y a medida que avanzo, se van borrando pero aparecen unas de palmípedo, con cuatro dedos. Deben ser de los pelícanos, el rastro del pelícano, me digo y avanzo cuidadoso. A mi vista la madriguera, osera de  un enorme animal negro, acompañado de dos crías, se va levantando muy lentamente y se viene hacia mí. Quedé congelado como una estatua. Si corro me persigue, me dije, permanecí estático. El gigantesco oso negro se me acercaba con el hocico estirado y de vez en cuando abría la enorme mandíbula, como saboreando la presa.  Mis ojos debían estar desorbitados. Sentí mojados mis pantalones. Estuve a punto de desmayarme. Saqué una yesquera que siempre me acompañaba, la encendí casi en la nariz de la bestia y en tremendo estampido regresó a su madriguera. Aún tengo escalofrío de tan fuerte susto y nunca salí de nuevo solo al bosque. Tal vez la madre del pelícano siguió las huellas de su polluelo, para auxiliarlo…Nunca volví a ver esas bandadas por la región.  Ni el rastro del pelícano.

                                                                                                            EAFB/12.13.14


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