martes, 6 de enero de 2015

EL NIÑO CURIOSO
O
EL COCODRILO DE LOS HUMEDALES

Qué lindo día, hoy toca disfrutar de esta naturaleza tan excitante. Creo que a estos niños y a mi amigos de visita les gustaría conocer un parque, los hay tantos y tan hermosos, en el vecindario en donde vivo. Ah!, ya se, vamos a los humedales que quedan cerca, los “Ever Glades” . Otras personas lo llaman los “Humedales de los Cocodrilos.

Un inmenso lago, cubierto por miles y miles de árboles que espontáneamente brotan del humedal, lianas, bejucos, manglares completos, árboles con hojas de colores y raíces, generalmente flotantes, que se pueden ver a simple vista, los sostienen al hundirse algunas en el fondo del humedal. Cangrejos de todos lo colores, unos rojos exclusivos de las tierras japonesas, caracoles de todos los tamaños, animalitos que suben y bajan fuera y dentro del agua, siempre pegados al tronco del árbol. Millares de peces de variados colores. Corrientes que aunque no totalmente descubiertas, permiten desplazarse sobre ellas como por inmensas avenidas cruzadas de bejucos lacustres o canales de aguas navegables. 

Digo navegables, pero solo por unos aparatos “hidroaviones” que producen un  inmenso ruido con sus motores de avión. Se empiezan a ver en el recorrido, inmensos lagartos, alligator de diferentes géneros, mississppiensis, prenasalis,  sinensis, cocodrilos con filudas y hambrientas mandíbulas. Los niños son los más felices de ver tales monstruos. No tanto los adultos que  piensan pueden ser víctima de una arremetida y de quedar entre esas enormes fauces de afilados dientes. 

Hay muchos cocodrilos en humedales, los niños extreman su curiosidad y se levantan de sus puestos, sacan las manos, estiran sus cuellos. El hidroavión trata de detener la marcha, se bambolea al sentir un enorme cocodrilo que salta en busca de la cara de un infante que lo mira desorbitado. Los gritos del niño retumban en todo el pantano y en segundos la cara del infante queda totalmente destruida y llena de sangre. Todos dan un grito espantoso de terror y espanto. La criaturita no para de gritar, el monstruo se aleja manchado de sangre humana, en ese preciso momento 
un cardumen de pececillos, saltan al interior de hidroavión, cubren el cuerpo del niño totalmente, favorecidos por el agua que ha entrado al aparato y en muy pocos segundos saltan de nuevo al agua en una sucesión emocionante de colores rojos, amarillos, azules ... Todos los integrantes del paseo dan un grito de admiración . La cara del niño está perfectamente limpia y sin ningún rasguño,  sanada totalmente del ataque del monstruo…Los pececitos, lo han curado… Y sus mejillitas destrozadas lucen rosadas y radiantes después de la caricia de los pececillos…


La madre del niño, se levanta en medio del movimiento del hidroavión, da gracias al Altísimo y dice a los niñitos que viajan con ellos: “Siempre hay un monstruo rondando nuestras vidas, pero no siempre hay pececillos hermosos que nos curen” EAFB-1.15

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