BARCOCAMARONERO
Cuentos

ERVIN A.FIGUEROA BAUTISTA
CONTENIDO
SI AMAS LA LIBERTAD SERAS LIBRE........... 3
VINSO........... 8
LA NATURALEZA TE DARA LA VIDA........... 12
EL NIÑO DE RUITOQUE QUE LE REZABA........... 17
EL ANGEL DE LA GUARDA........... 17
LA PLATA ES DEL DIABLO........... 23
LA PAZ... COLOR DE LA ESPERANZA........... 28
EL PECECILLO DE COLORES........... 31
BARCO CAMARONERO........... 37
Mi humilde homenaje a la soberbia raza cubana....... 37
que prefiere una muerte digna....... 37
a la ignominiosa de la dictadura........ 37
39
SI AMAS LALIBERTAD SERAS LIBRE
Martha era una niña muy alegre y extrovertida, amabaprofundamente la libertad de su alma, era muy estudiosa, sencilla, amable contodos, trabajadora, buena en el sentido de la palabra. Pero solía caer en unasdepresiones, estrés que llaman ahora, terribles de las cuales salía pero conmucha dificultad. Le deprimía el estado de cosas del país, las muertes, quemataron a unos guerrilleros, que mataron soldados, que mataron policías, queviolencia por todas partes, atracos, violaciones, injusticias condenadosinjustamente, robos de cuello blanco, violencia, violencia, violencia... Todoeso la deprimía mucho... pero oigan muy bien. Martha era una niña libre. Librede odios, de resentimientos, todos los días le pedía a mi Diosito que le dieramucho amor por la humanidad, por todos, que la liberara de todo lo que podíahacerla esclava del mal, de los odios, de los rencores, de las maledicencias,de quitarle la fama a los demás, de hablar mal de los otros... era libre deconciencia y la libertad de la conciencia lo mantiene a uno libre también delcuerpo...
Estatarde Martha se sintió muy triste de repente. Caminó sin rumbo fijo, no sabía adonde dirigirse y creyó que su hogar, su casa era el refugio más seguro y alláse dirigió como caminando por entre las nubes. Al llegar encontró la casatotalmente sola, buscó por todas partes y no había absolutamente nadie, nadiehabía en la casa, ni sus padres, ni sus hermanos, ni la sobrinita pequeña,nadie absolutamente nadie... Vio una silla vieja en la mitad de la sala, unasilla de esas grandes que tienen brazos, la tomó y salió a la puerta, al quiciode la puerta y como ya estaba oscureciendo, allí se sentó. No pasaba ningún buspor frente a su casa, y no pasaba porque la calle se había llenado de huecos yel alcalde populista que hace poco habían elegido los habitantes del barrio queeran muchos, no había cumplido la promesa que les hizo de tapar los huecos. Nadiehabía en las calles. Los niños de la escuela que eran los más alegres, los que más algarabía formaban no se oíanni se veían por ninguna parte. Se habían ido cansados de las maestras que nohacían otra cosa que regañarlos y ponerles malas notas. Las maestras regañonascomo no tenían niños que enseñar ni a quien regañar, también se habían ido. Losmarihuaneros y gamines que a veces se veían por la calle, allá en esa esquina,también se habían ido huyendo de la policía, de los de la acción comunal que eranlos que les vendían la perica y la marihuana, y después los denunciaban, todosse habían ido huyendo de la policía... los policías que cumplían con su deber,también se habían ido porque no tenía marihuaneros a quien perseguir. Losvendedores ambulantes, los vendedores de frutas, los que pasaban gritando porlas mañanas y por las tardecitas, pescado, pescado fresco... no se oían, hastalas vendedoras de rosas se habían ido porque nadie compraba y las flores y seles marchitaban...
Tanta soledad hizo que Martha sefuera durmiendo poco a poco arrullada por el ruido de la soledad, por las vocesdel silencio y el silbido del viento. Vio a lo lejos unos arreboles y sintióque un angelito cerró sus párpados... luego sintió que un ave muy grande volabasobre su cabeza, hacía unos ruidos horribles como de un chulo, cada vez losentía más cerca, hasta cuando se percató que tan terrible animal intentaballevarla con todo y silla por los aires. Pude mirar con detalle aquel horriblebicho: Inmensamente grande casi como un avión tenía la forma de un buitre, de un chulo muy, pero muygrande, con unas alas extremadamente largas y huesudas, patas fuertes, muyfuertes como de vaca pero que terminaban en garras como de águila, con una uñasafiladas, muy afiladas, entre color tierra y color rojo, su cuerpo estabatotalmente pelado, no tenía ni una pluma, solamente tenía cuatro pelos en lapunta de la cola... cuatro pelos tenía en la punta del rabo.
Intentó alzarla por segunda vez, no pudo pero en eltercer intento alzó con Martha y con su silla por los aires, buscó una nube yacasi en el anochecer y la colocó sobre ella y se deslizaron como en unaalfombra mágica por los cielos hasta una selva terriblemente oscura en dondefue descendiendo la nube, muy lentamente, parecía que aquel monstruo tuvieratemor de la presa que llevaba. La descargó con sumo cuidado en medio de laselva, Martha empezó a oír ruidos muy extraños que jamás había escuchado:rugidos de león, gruñidos como de gato en celo, aullidos de hienas, graznidosde cuervos, silbidos de serpiente, mil ruidos, todos llenos de terror oíaMartha. Parecía que aquel monstruo de grandes alas, con el cuerpo totalmentepelado que solo tenía cuatro pelos en la cola, estuviera preparando un festín,Martha presentía que iba a ser destrozada por el monstruo y miraba aterrorizadasus garras, color tierra y sangre. El buitre se hizo delante de ella, con elpico la fue despojando de sus vestidos, retiró de los pies con cuidado, lassandalias marrones que tenía desde hace mucho tiempo y que un novio a quienMartha había querido mucho, le había regalado el día del amor y la amistad...Empezaron a salirle rayos al monstruo de los ojos, daba saltos como de alegríay se aprestaba a embestir la presa cuando un inmenso rayo de luz inundó toda estaparte de la selva. Al fondo apareció un letrero muy grande. Martha no lo podía ver al principio puesestaba totalmente aterrorizada. Poco a poco se fueron acomodando las letras asus ojos: "Buitre de las oscuridades y de la selva, no te atrevas a tocara esa niña porque ella ha conquistado un alma de libertad, ella es libre,totalmente libre en su corazón, no tiene apego a los bienes terrenales, está entregada al servicio de los demás,ama a todos como si fueran sus propios hermanos, llévala al sitio de donde latomaste, se oyó una voz como de trueno, deposítala de nuevo en su soledad yentrégale los cuatro pelos de tu rabo que es lo único que te queda, monstruodel mal y en castigo a tu osadía, serás destruido y retornado alinfierno".
Martha sintió con estas palabras una gran paz en sucorazón. El monstruo la levantó enseguida por los aires, tomó de nuevo una nubey la condujo al sitio en donde la había encontrado y la depositó en el quiciode la puerta de su asa con sumo cuidado. Se quitó los cuatro pelos de su rabo yse los entregó a Martha diciendo: El primer pelo es el poder para que amesmucho, es el pelo del amor, el segundo, es el del servicio, lo mereces por laentrega que haces a tus hermanos, el tercero es el de la fortuna y con élconquistarás todos los bienes y el dinero que desees para que hagas mucho biena la humanidad, el último es el de la libertad, con él te sentirás cada día máslibre, tu espíritu volará por todas partes y no habrá cadenas, ni grillos, nicárceles que sean capaz de encerrar tu espíritu. Vivirás siempre libre y enpaz. No hubo terminado de hablar, cuando aquel monstruo que era terriblementegrande, totalmente pelado con patas de vaca que terminaban en garras como deáguila y que ya no tenía ni los cuatro pelos en el rabo, dio un salto y volópor los aires totalmente despedazado como si hubiera sido herido por un rayo,lanzando chorros de sangre por todos lados pero que nunca cayeron sobre lacabeza de Martha... Despertó Martha como apretando en sus manos los pelos del monstruo,rodeada del amor de sus padres y hermanos y con la algarabía alegre de losniños de la escuela y la sonrisa de las maestra que ya no regañaban a losniños, el abrazo de los policías que no perseguían a los marihuaneros que ya nofumaban sino que eran honestos trabajadores, oyó de nuevo al vendedor depescado. pescado, pescado fresco y aspiró el olor de las flores de lasvendedoras de flores que siempre, siempre se siguieron haciendo en la esquinade su cuadra...
ERVIN A. FIGUEROA BAUTISTA
VINSO
Con mucho cariño en el marco del
V Encuentro Ecológico deFloridablanca.
Eran más o menos la cinco de lamañana cuando Don Manuel llamó a Vinso, su hijo menor, para que lo acompañara aSucre. El viejo era el cantor del pueblo y debía ir con el padre Arnulfo a lasveredas para celebrar la eucaristía. Vinso era el acólito y muy serio porcierto, pues don Manuel lo corregía tirándole la patilla, lo que comúnmente sellamaba entre los chinos del pueblo, la risa del zorro.
Un río con aguas totalmente transparentes, huertascon habas y maíz, árboles frondosos de saúco, alisos, cerezos repletos de lasdeliciosas uvas de tierra fría, borracheros con unas flores como cornetas quesi uno las cogía para olerlas le daba mucho sueño y se quedaba dormido dondefuera, pastos abundantes, muchos pajaritos entre los que se destacaban los bijarcos, los siotes,las palomas torcazas, colibríes, copetones, mismises,canarios, pechirrojos y muchos más. A los bijarcos casi la gente no los queríaporque se comían las habas frescas y dañaban las mazorcas en los maizales, perotrinaban de lo lindo en todas lasmadrugadas. Casitas humeantes, campesinos encorvados desyerbando las hortalizasy la papa, cultivos de trigo y de maíz al lado y lado del camino. Pasó laprocesión por el puentecito de Don Ernesto, subió por el camino de Dídimo, LaAguadita, la escuela de Tapaguá, donde en unitaria enseñaba doña Victoria que fue la que le enseñó a leer y afirmar a todos los de Ospina y Tapaguá y en donde aún no se había iniciado alPlan Decenal, pasaron por los Lirios, la Gobernación, las tierras de DonHeliodoro, la Cueva del burro, en donde asustaban después de las tres de latarde y al fin llegaron a las Tiendas, allí era la primera celebración y prontose dispuso para ello mientras el cura confesaba a todos los campesinos que lehabían traído, gallinas, trigo, maíz, granadillas, huevos, papayas, uchuvas,palchas, moras y todo cuanto el agro produce por estos lados.
Después de la Santa misa, en las Tiendas, DonMoisés que era el dueño de la finca y de la casa invitó al cura y al corista atomar un desayuno campesino. Vinso se pegó a la invitación cogido de lospantalones de su papá por miedo a que la cocinara lo sacara puesto que la invitaciónera para los grandes. Caldo de papa bien espeso, con hueso de res y cilantro,muy bien sazonado, una arepa de camiseto y media de trigo, una tazada dechocolate, un cuarto de cuajada y un “amasijo”típico de la región tan grandecomo un ponqué de una libra.
Al sacristán y al jovencito de don Manuel le sirvieron aparte en una mesita y lossentaron en una banqueta a cada uno. Vinso probó el caldo, se echó la arepa decamiseto al bolsillo, el amasijose lo dio a guardar al sacristán. Envolvió el pedazo de cuajada y se lo dio asu papá para llevárselo a su mamá de regreso. En un Jesús se desapareció de lacocina sin decir nada, su diminuta figura le ayudaba y con frecuencia sucedíalo mismo en la escuela para volarse del salón de clase. Sus compañeros lo llamabanla pulga por lo pequeñito, lo jodón y hoy diríamos por lo indisciplinado.
Afuera lo esperaba un amiguito campesino hijo delos Hernández que conocía muy bien el terreno. Vinso- le dijo- camine y lemuestro una cosa, mientras el cura se va. Salieron rumbo al potrero detrás dela casa y en un abrir y cerrar de ojos estuvieron en pleno monte. Un bosqueespeso de altamisa, alisos, eucaliptos, arrayanes, y muchas especies más.Después de este bosque- comentó Abilio- vive un viejito que sabe muchas historiasde miedo de estas regiones, se llama don Efigenio y fue él quien descubrió elagua de soda que beben los ganados de estos lados y por eso este ganado se críatan bonito. A mí me toca todos los días traer el ganado a que beba de estaagua, porque es bendita. No había terminado de hablar, y Vinso un poco perplejopero alegre como siempre, cuando llegaron a la casa de Don Efigenio.
El viejo estaba sentado en una banqueta, en uno delos corredores del rancho de paja en el cual vivía, fumándose un tremendotabaco. A sus alrededores olía a guarapo fuerte, el viejo los saludó con muchocariño como si ya los conociera. Abilio no necesitaba presentación porque eraun asiduo visitante y le gustaba mucho atravesar el bosque para oír los cuentos al viejo de aparienciavenerable, larga barbablanca, tez rosada, como sise pintara las mejillas, manos duras y callosas y con una ruana grande quenunca se quitaba. Este chino es el acólito del pueblo, es hijo de Don Manuel elcorista, -le dijo como presentación Abilio al viejo-. Apenas sonrió y dijo concierta sorna -Ya sé a qué vienen,- y empezó el cuento.
Hace mucho tiempo, yo era un chino todavía, por estoslados casi no había ni potreros, árboles grandes por todas partes, los patrones no dejaban cortar nisiquiera la leña, nos tocaba para cocinar con chamiza seca de la que dejabanlos árboles. Don Miguel Bautista era el dueño de todos estos montes y solo tenía unos pocos potreros parasus vacas y su ganado. Un día el mismo Don Miguel sembró allá por el camino deRelumbrante una matica de cereza, me pidió con mucha insistencia que la cuidaratodos los días y él mismo le puso una cerquita para que no la pisaran losanimales. Si ve que se está secando, échele un poco de agua - me dijo- se larecomiendo. Yo me reía del viejo, tan rico y recomendándome una mugre mata.Pasaron los años y vino un tiempo de verano terrible, se secaron los ríos, lasfuentes, el ganado empezó a morirse en toda la vereda y como una cosa muy rara,el arbolito que don Miguel había plantado y que yo mismo cuidé de todasmaneras, fue creciendo y veía quecuando más fuerte era el verano ese cerezo más se llenaba de flores y crecíamás lozano. Mi mamá ya había muerto por una congestión de males que habíatenido y que le viejo Isaac no fue capaz de curar. Mi papá siguió solo y todossus hijos lo abandonaron, como era un borrachín de guarapo, un guarapero, lasgentes de la vereda casi no lo querían. Yo también aprendí a beber guarapo comoel viejo y nadie me daba trabajo. El verano era cada vez más fuerte hasta queno se conseguía alimento por ningún lado. Un día mi padre cayó desmayado defísica hambre y yo no tenía que darle de comer ni de beber, nadie me socorríatampoco y me acordé entonces del árbol de cerezo que Don Miguel había sembradoya hace tiempo. Arropé a mi papá con la ruana y unos trapos viejos que habíadejado mi mamá y cogí el camino por los lados de relumbrante. Había vistoflorecido el árbol a pesar de verano, hace algún tiempo y me dije- a estasalturas el árbol ya debe tener muy buena cosecha, como está tan escondido nadiepuede haber subido hasta allá. También yo tenía mucha hambre y casi no podíacaminar, tuve que hacer un gran esfuerzo y después de mucho caminar alcancé aver el árbol de mi única esperanza. Cuando llegué me abracé a él como si fuerami mejor amigo, ni siquiera tuve la precaución de mirar sus ramas. Descansé unpoco boca abajo en una de sus raíces y luego miré sus ramas. Les cuento niñosque tuve que llorar de emoción, hace días no comía y de sus ramajes colgaban grandesracimos de cerezas casi negras, grandes, redondas y hermosas que me parecíaestar soñando. Me levanté cogí con ambas manos un racimo y me lo llevé a laboca. Jamás en mi vida he probado manjar más delicioso, volvió el espíritu a micuerpo, sentí de nuevo la vida y recuerdo que comí muchas cerezas hasta que mequedé dormido... No recuerdo cuánto dormí, lo cierto es que una vez despiertorecogí tantas cerezas cuantas cupieron en mi mochila de fique y me fui contentopara la casa, mi viejo ya no moriría de hambre y tendríamos comida para untiempo... desde ese día mis queridos vecinos, aprendí que debemos cuidar lanaturaleza porque de pronto ese arbolito que despreciamos y no cuidamos con esmero, es el que nos va asalvar la vida.
Limpiando laslágrimas, le dieron las gracias al viejo Efigenio y echaron a correr lomaabajo, cuando regresaron a la casa de don Moisa ya el cura estaba montado en sumula y Don Manuel buscando enloquecido al indino del Vinso que una vez más lehabía sacado el genio, lo agarró de la patilla y lo sentó con fuerza en el ancade su yegua...
HELIO PAZ
LANATURALEZA TE DARA LA VIDA
El cuadro que presentaba el horizonte erasencillamente hermoso y los ángeles se empeñaban en teñir con esmero las nubesde rojo, azul en todos los tonos, morado, gris muy subido, pálido, amarillo, yensayaban toda la gama de colores para presentarse a la humanidad unespectáculo conmovedor. No a todala humanidad, a los hombres curiosos y sabedores de la belleza, a los amantesde la naturaleza, a los que tienen en un alma el sabor de cosas grandes ydestinados a gozar íntimamente los placeres del alma que solo se dan en virtudde la capacidad que se tenga para admirar lo bello.
Patricia era una niña, común y corriente, bueno no tan común y corriente, seembelesaba viendo una margarita, la ví varias veces acariciando los pétalos delas begonias, y me parecía como extasiada ante el dolor de la violeta. Por eso, precisamente por eso no era tan común y corriente, pero todaslas niñas la querían. Anhelabanjugar con ella, la invitaban a que declamara y hacía mucha gracia de todo loque ella decía, de las muecas, y de vez en cuando se ponían tristes cuando ellaentristecía dulcemente contemplando una hoja seca, una planta marchita o una florque empezaba a deshojarse. Logrócon el correr de los días, infundirle a sus amiguitos el amor sincero a lanaturaleza, se organizaban en pequeños grupos para cuidar las rosas, lasmargaritas, esas hojas grandes que llenan de plenitud el espíritu, lasplanticas aquellas despreciadas por su humanidad, abrazaban el tronco enorme de los cedros y se sentabancansadas de juguetear y recorrer a la sombra de árboles, al pie de una ceibacentenaria. Todas las niñasparecían vivir en función de la naturaleza que las rodeaba, respiraban llenasde alegría ante una rama extendida, se refrescaban bajo las hojas enormes ytomaban muy de vez en cuando una ramita para airearse el rostro. El rostro infantil que las animaba, elrostro casi angelical que la misma naturaleza les concedía como premio al amorque ellas las pequeñas niñas, ofrecían a los árboles, a las flores, a lasramitas que tocaban.
Al principio los animalitos lasmiraban como desconfiados, como temerosos, como tímidos, pero se extrañaronmucho, pues nunca oyeron una detonación, un ruido estridente que implicaradestrucción o muerte; nunca pudieron, por más que se lo hubieran propuesto, verque las niñas corrieran en pos de uno de ellos con el ánimo de atraparlos enjaulas, de atarlos, de impedirles el libre movimiento que les daba el medio enel cual se encontraban. Por eso sesintieron atraídos a las niñas. Cuando ellas se dieron cuenta se llenaron de felicidad. Ahora podían jugar con los animalitos,con las liebres, ágiles, con la ardita esquiva y muy juguetona, podría enseñara rezar a los loros y a los papagayos, la mirla estaría a su lado paradormirlas y para despertarlas, las palomitas llegarían tímidas pero confiadasal mismo tiempo a posarse en sus manitas delicadas y hasta las mariposas serviríande adorno en sus hombros como charreteras en hombros de arrogantesgenerales. Muchas veces lasví jugar con ellos a la ronda. Nocontaban las horas, y el sol las esperaba siempre a que terminaran sus juegospara poderse retirar.
Resolvieron las pequeñas organizar una gran familiade niñas de tal manera que cada una tuviera un oficio definido, pues se había notado que a pesar de sentirse felices con todo cuanto lasrodeaba, algunas de ellas sentían especial afecto por los árboles grandes yfrondosos por las planticas pequeñas y humildes, por las ramitas que expedíanuna intensa aroma, por las flores, por los animalitos inofensivos, por lasaves, por la arrogancia de los paquidermos, por la nobleza agresiva de los felinos. No faltó quien lo hiciera por lospeligrosos reptiles. Niñas había,que pasaban horas y horas oyendo la canción de los ríos y de las fuentes, quese extasiaban entregando sus cuerpecitos de ángeles impolutos a la blancura deuna fuente, o calmaban la sed bebiendo de un chorrito de plata que se despendíalleno de musgo de una piedra grande con otra más grande puesta encima.
El tiempo desaparición de sus mentecitas, nocontaban las horas, lo mismo era la luz de la luna que el esplendor del sol, encada paso que daban se notaba más arrogancia, su alegría, sus ojitos eransiempre llenos de luz y no se caía de sus labios la sonrisa. Todas, todas las niñas cumplían sucometido y cuidaban cada una con mayor esmero la tarea que les había sidoencomendada, no era una tarea. Eraparte de su vida el cumplimiento de la misión. Vivían entusiasmadas; la vida saltaba alegre y bullangueralo mismo en el canto de un ave que en el susurro de una fuentecilla; las aguasse movían con más estrépito en los ríos y los árboles llenaban toda la tierrade oxígeno y de vida; los animalitos brincaban alegres por todas partes opasaban mansos y delicados por todos los parajes.
Ruidos extraños cubrieron el cielo y pájarosgigantescos llenaron de humo el color de las nubes; se oyeron ruidos de motoresenormes que devoraban las raíces de los árboles y tractores que se tragaban ladelicadeza de las flores; los ríos se vieron llenos de un color rojo arce quedestruían los peces y las flores del agua; hambrientos reyesuelos invadieron elbosque y lo mismo quitaban la vida de un árbol, que la piel de una babilla o lacoraza de una tortuga; la liebre se vió acribillada por el juego de pólvora yla lozanía pintada de mil colores de los felinos, se vió tinta en sangre, enmatanza, en orgías. Los hombres empezaron a ahogarse en la pestilencia de losvapores que salían de las máquinas; los ríos escondieron temerosos sus aguas yal derrumbamiento de los árboles se secaron las fuentes y los pajaritos y lasaves huyeron despavoridos; los animales fueron muriendo uno a uno de sed, deangustia existencial. Era lallegada de la civilización en miles de años adelantada a la cultura. Destruía la naturaleza y con ella sefueron destruyendo los espíritus. Solamente las niñas lograron escapar, se fueron a un rinconcito de la selva,un rinconcito donde estaba todavía el sabor de la pureza, de la inocencia yallí se fueron muriendo una a una...
Patricia fue la primera, no pudo resistir, no teníaun corazoncito capaz de soportar el avance de la barbarie. Desde su último rinconcito no pudo ver como otras niñas y niños yhombres y mujeres, destruían la naturaleza, mataban a sus amiguitos losanimales, los perseguían, los encadenaban, negociaban con ellos y empobrecíanla vida, la patria, el espíritu. La vida no se acaba y ella tenía que ser consecuente con estacircunstancia.
En el translinde de su vida encontró lo que habíadejado. Los ángeles del cielohabían transportado todo lo que constituía el encanto de la vida para la niña:árboles, pajaritos, fuentes cantarinas, hojitas aromáticas y delicadas, floresen todos los colores, animalitos de todas las especies, pero faltaban susamiguitas. Los ángeles leadvirtieron que había sido llamada por Dios para premiarla por todo lo que habíahecho en bien de la naturaleza, para agradecerle la continuación de la obracreadora, por haber dado y proporcionado alegría a sus amiguitas, por haberledado vida a la humanidad, por haber cuidado a sus amiguitos, las aves, lasaguas, el medio ambiente, y todas las cosas que la habían rodeado.
Los ojos de Patricia brillaban con más intensidad,llenos de felicidad, encantados de reencontrar todas las maravillas que habíaabandonado.
-Tienes todo preparado en el paraíso, en estecielo, por orden del Creador, pero debes esperar un poco, ya que todas tusamiguitas, con quienes cuidaste la naturaleza, deben venir. Te hemos preparado una fiesta y túserás la reina. Los invitadosespeciales serán todos los animalitos que dejaste quienes vendrán con susmejores vestidos, le comentó un ángel-.
Patricia callaba, abstraída de oír tan maravillosorelato como si realmente hubiera hecho algo muy grande en la tierra. Su voz dulce y delicada hizo retozaralegres a los animalitos que permanecían al lado suyo. –No teman amigos míos, soy yo, la misma que jugaba con ustedes en elbosque, en la tierra, en los parques, en la calle, en el solar de mi casa. La misma que defendía los niditosque ustedes hacían en los árboles, en las palmas, en los helechos de lascasas. Si ahora me ven llena deluz, es porque amé mucho el sol; si respiro aromas, es porque cuidé de todaslas planticas que encontraba en mi camino y ellas me dejaron su perfume. Vengan todos y seguiremos jugando eneste bosque que Dios me ha preparado.
Las niñas fueron llegando unas vestidas de verde,otras de color de rosa, otras como cubiertas de un manto de aguascristalinas. Los animalitosprestaron sus trajes para engalanarlas y todas parecían confundidas de emocióny alegría. Cantaban vivas aPatricia y entonaban el himno de la vida y bendecían la naturaleza que leshabía dado el cielo, el cielo que ya era suyo y que se habían ganado sinnecesidad de morir. Su muerte solohabía sido un sueño, un sueño maravilloso, un sueño feliz.
Ervin Figueroa Bautista.
EL NIÑO DERUITOQUE QUE LE REZABA
EL ANGEL DELA GUARDA
Juanito era un niño muy pobre. Había perdido a su papá desde loscuatro años, apenas tenía una idea muy vaga de su figura, su mamá le hablabamuy poco de él. En la casa habíauna que otra foto entre los libros viejos que ella guardaba de su época de laescuela. Una de la primeracomunión, en blanco y negro en la que aparecía con un pantalón corto,alpargates nuevos y una vela adornada con una cinta. Otra cuando estaba en el cuartel, doña Angelita le decía quesu papá Antonio era muy simpático, como a los dos años de haber salido delcuartel se casaron en Florida, los casó el padre Coronado. La otra foto es como de una fiestadonde está su papá con unos amiguitos tomando cervecita.
Vivía allá en Ruitoque. Todas las mañanas tenía que esperar elbus que hacía recorrido con los mercaderes, los jovencitos que venían para el“José Elias” y “Vicente Azuero”. Juanito logró un cupo, de milagro en la “García Márquez”, de milagroporque como hay tan poquitos cupos y tantos niños que quieren aprender, amuchos se les niega el derecho a estudiar. Pero la mamá de Juanito, Juan Gabriel, pero todos le dicenJuanito, era amiga del celador y gracias a él logró su cupo para el tercergrado, el primero y segundo los hizo en la vereda. Venía muy mal preparado, primero porque por allá no haypreescolar y segundo porque la maestra llegaba los martes después de las diezde la mañana, regañaba media hora y un cuarto de hora de clase. Era joven y bonita. Los niños echaban flores y a ella legustaba. Los viertes hacía clasede ocho a ocho y media. Elincumplimiento de la maestra hizo que los niños no aprendieran todo lo quequerían y lo que podían. Juanitose encontró en una oportunidad con unos niños del “Agustiniano”, de “Reina dela Paz” y del “Saucará”. Abríatamaños ojos y su boca se le volvía agua cuando contaban todo lo que tenían,sus maestros que no dejaban de dictarles una hora de clase y todos los días dela semana. Bueno, pensaba el niño,como ellos son ricos, será que los maestros prefieren a los niños ricos,nosotros los pobres y menos los campesinos no tenemos derecho a tanto. Bregó mucha para iniciar el año. No tenía con que comprar los cuadernos,el lápiz, menos los libros y las cartillas. La maestra era muy distinta a la de Ruitoque, un poco másvieja, pero no mucho. Sepreocupaba por los niños, los quería, era muy ordenada y tenía un afectos muyespecial por Juanito. Le ayudabaen cuanto podía. Le dijo quese encargara del aseo del salón con otros niños, trajera la tiza y borrara eltablero, cada vez que fuera necesario. Juanito desempeñaba todos estos oficios con gran responsabilidad y muchogusto.
Un día le dijo:
- Señorita, por qué no me encarga deregar las matas? A yo me gustanmucho las matas.
- No se dice “ a yo me gustan mucho...”se dice “ a mí me gustan mucho...” y eso es muy bueno Juanito. Además un niño que quiere las maticas,es un niño de muy buenos sentimientos. Lo felicito. Está bien,encárguese de las materas que están frente al salón de tercero y de las queestán al frente de la oficina de la señorita Amanda, la directora.
Qué alegría la de Juanito. Brillaban sus ojos como dos estrellitasy de pronto fue a buscar unos canecos para traer agua, al día siguientellegaría con abono de la casa, pues a pesar de su pobreza tenía una cabra quesu papá les había comprado. Recogió el estiércol, todas las pepitas de la caca de la cabra, lasrevolvió con tierra negra y en una bolsa de cemento la trajo para echarle a lasmatas. Al poco tiempo eran lasflores más linda de la escuela.
Así pasaron dos meses. Un día oyó a sus compañeros que sevolaban de las clases, de la escuela, que iban a bañarse a la quebrada ycontaban historias de duendes y fantasías. Estos comentarios le llamaron la atención y al fin lepreguntó a Ricardo, el más vivaracho y quien parecía ser el jefe del grupo.
- Ricardo, puedo volarme conustedes? Soy bueno para correr yme gusta mucho el baño. Cuandosubo a pie a mi casa me baño en “La Angula”, la quebrada que viene de“Ruitoque”, quiero ser libre y estar entre los árboles.
- Claro, Juanito, pero si promete no sertres dedos ni decirle a doña Amanda, nos echaría todo a perder.
- Como se les ocurre, ustedes saben quesoy pequeño pero muy serio en mis cosas.
- Listo, le dijo Ricardo. Mañana asistimos a las primerasclases. A la hora del recreo yo mepongo la camisa al revés y esa es la señal, vamos saliendo por el lado de la quebrada,uno por uno, primero sale Jonh, yo salgo de último, cuidado con caerse...
Esa tarde Juanito estuvo pensativo, perola idea de andar libre por el monte, bañarse en la quebrada, comer guayabasverdes, tirarle piedras a los pájaros y encaramarse a los árboles, les parecíadelicioso, cosa del otro mundo... Se levantó temprano al otro día, pero llegó a la hora de costumbre a laescuela. Juanito regó las matas,les quitó las hojas secas y luego se fue a clase común y corriente. Todo sucedió como Ricardo lo habíaplaneado. Salieron uno poruno de los predios de la escuela, pasaron por debajo de las cuerdas de alambre,cruzaron la quebrada y “viva la libertad”... Estaban libres los cuatro amigos. Ricardo que comandaba el grupo, Javier, John y Juanito. Caminaron un poco y salieron a laautopista, teniendo el cuidado de no dejarse ver de las personas conocidas,echaron dedo y al fin paró un camioncito destartalado, se subieron en la partede atrás y se acomodaron a sus anchas, pasaron Piedecuesta y a una media horase detuvo el camioncito, se bajó el chofer, don Ramón, un viejo barrigón y buenapersona, les dio cien pesos a cada uno y les dijo: “bueno mijos, aquí me quedo, ustedes verán que hacen”.
- Gracias, señor, contestó Javier, no sepreocupe.
Caminaron un poco y allá en una lomavieron unas cabras, corrieron tras ellas, cogieron una y John la agarró de laspatas mientras Juanito le chupaba la ubre, lo mismo hicieron Ricardo yJavier. Tiraron muchas piedras alfondo de un río y en menos del tiempo, empezó a obscurecer.
Ricardo, John y Javier volvieron a lacarretera, Juanito más distraído y ya casi de noche llegó a una casita de paja,parecía una choza, llamó y nadie le contestó. Sintió miedo y no sabía dónde estaba. Le pareció el sitio a “Ruitoque”,empezó a caminar por un lugar que creía conocer. Caminó mucho y se sintió cansado. Había innumerables árboles grandes y pequeños. Se veían luces muy lejos y se oíanruidos como motores de los carros, caminó otro poco, los árboles eran másgrandes.
Había caminado muchísimo y ya no seveían luces ni se oían ruidos. Juanito se afanó y trató de recostarse sobre una piedra. Sintió un fuerte viento y percibió unolor a azufre. Vio a lo lejosbrillar algo, eran los ojos de un gato negro. Juanito sintió miedo al principio y se acordó del Angel dela Guarda a quien todas las noches le rezaba. El gato trató de retroceder, pero luego se acercó remilgosoal niño. Juanito le tomó confianzay el gatico empezó a mahullar, pero el niño sentía un gran miedo y no pudomenos que gritar fuertemente cuando oyó que el gato le hablaba. Se tranquilizó un poco y oyó que elgato le dijo:
- Juanito no temas, soy un amigo tuyo,no te preocupes que te acompañaré toda la noche y poco a poco el niño como enun sueño se hizo amigo del gato y empezaron a charlar como dos viejosconocidos.
- No debes atemorizarte, los niños nodeben sentir miedo. Yo sé todo loque pasó y ten en cuenta que no hay amigos, soy el único que quiero ayudarte.
-Pero, cómo me puedes ayudar?
- Conozco todos estos montes, sé dondehay peligro y donde no. Puedoconseguirte juguetes, comida, dinero lo que tú quieras.
- Me estas diciendo mentiras.
- Seguro que no, dijo el gato, perotienes que prométeme algo a cambio y lo primero que hago es ponerte en micamino para que vayas a buscar a tus amiguitos, ellos también están perdidos.
Juanito se puso a llorar. - y qué debo hacer?
- Primero no debes volver a rezar, nodebes volver a la escuela, ni obedecer a tus padres, debes ser libre...
- No, eso no puede ser, yo quiero ser ungran escritor y además la maestra me quiere mucho y yo quiero mucho a mispadres.
- Pero Juanito, es mejor la libertad note parece...?
Juanito vio que salían como chispas dela boca del gato y lanzó un tremendo grito: “Virgen Santísima, Angel de laGuarda protéjanme”.
El gato pegó un ronco ahullido ydesapareció. Una figura de mujer,con una gran túnica blanca y con dos alas apareció al frente de Juanito.
Qué te pasa hijo?. Te oí y estoy contigo, soy tu Angel dela Guarda y he estado llorando por la acción que hoy has hecho, no lo vuelvas ahacer?
- No, no, lloraba Juanito, más bien quehablaba. No lo vuelvo hacer Angelde mi Guarda, perdóneme y lléveme a casa de mi madre.
- Está bien Juanito, cierra tusojitos. Así lo hizo y sintió quevolaba por los aires, cuando el niño abrió de nuevo los ojos se encontró frentea su casa en Ruitoque, eran cerca de las cinco de la mañana, su madre llorabacon amargura, él la abrazó deshecho en llanto y le pidió mil veces perdón.
Juanito volvió a la escuela, le contó losucedido a los niños, le pidió a su maestra que lo perdonara lo mismo que adoña Amanda. Nunca más volvió ahablar con Ricardo, John y Javier. Hoy es una persona inteligente muy inteligente y escribe cuentos tan lindoscomo éste.
ERVINFIGUEROA BAUTISTA
LA PLATA ES DEL DIABLO
Este era un rey que vivía en una ciudadmuy hermosa. La ciudad de losbúcaros, la llamaban, pero en realidad su nombre era otro. Estaba llena de árboles por todaspartes, mangas llenas de caracolíes, preciosos árboles de mangos de los cualestodos podían comer, naranjales, robles, ceibas y guayacanes de muchos yhermosos colores. En la época enque éstos florecían la ciudad parecía una ofrenda a Dios, al dios de losbosques y de la belleza. Loshabitantes de esta ciudad que vivían en los alrededores, cultivaban el tabacocon el cual obtenían muchas ganancias. Este rey llegó, en un momento dado, a controlar todo el cultivo y elnegocio del tabaco; así mismo sombraban la caña de azúcar y cuando llegaban lascosechas ç, se hacían grandes reuniones de vecinos en los trapiches para molerla caña, comer y tomar guarapo. Eran unas veladas deliciosas en donde florecía el chiste oportuno, elchisme de la vereda, los amores de los labriegos y no dejaban los trapicherosel echarle el ojo a la cocinera que les preparaba el arroz mazacotudo de lamedia noche. El rey no eraoriginario de la región, vino por allá de lejanos reinos pero se amañó mucho enestas tierras y cada vez compraba más y más. Compró tierras por todas partes: por los lados que conducenal reino del rey Pamplonio; por las riberas de un hermoso río en dondeperiódicamente se aparecía un rey negro por lo cual los nativos lo bautizaroncomo Río Negro; por los lados en donde por mucho tiempo gobernó con un amor muydulce, sabor a piña, la princesa de Lebrija; todos los terrenos que circundanel condado de Don Sancho Girón y el robledal de los caracolíes; compraba ycompraba, pro nadie sabia de donde sacaba la plata, aunque los súbditos sabíanque el rey era muy trabajador.
Un buen día el rey se dijo:
- No puedo dejar creer las murmuracionesde mis súbditos, es necesario que les cuente la verdad, pero no puedo hacerlopersonalmente y si lo cuento por medio de otra persona me pueden tergiversarlas cosas.
Así, que después de un largo sueño, endonde estuvo desesperado, por el ruido de grandes árboles que caían en elbosque, en donde sintió una enorme sed porque él mismo había mandado secartodos los ríos, decidió vestirse de mendigo y contra él en persona, la historiadel dinero con el cual compraba tantas tierras. Mandó buscar unas ropas viejas, se metió al cuarto de uno desus criados y le sacó un sombrero roto que encontró, le colocó una cinta rojapor encima, buscó unos alpargates despuntados, unos calzones hasta lasrodillas, rotos en las nalgas, una camisa sin color definido de unos de susgañanes y con esta indumentaria salió de su palacio en una tarde lluviosamontado en un brioso corcel, el mejor de su reino, sin que nadie se dieracuenta de su desaparición.
Galopó, galopó mucho hasta ya bienentrada la noche, tocó en la puerta de una humilde vivienda y una viejecitaenvuelta en un pañolón solo un postigo e inquirió al viajero:
- Qué se ofrece buen hombre. Por qué cabalgaba usted a estas horasde la noche. Acaso no sabe que poraquí se ha aparecido el “mandingas”?
- Buenas noches, señora, contestó elextraño personaje. M e inquietausted. Qué es eso se “mandingas”?
- Pues el mismo diablo, quien más puedeser.
- Señora usted me hace dar miedo. Por qué no me da posada esta noche ensu casa?
- Mi casa es muy humilde, no tengo nicama, le tocaría en el suelo y por el caballo que trae parece usted una personaimportante, y además por su manera de hablar...
- No se preocupe señora, soy tan humildecomo usted si me hace este favor un día yo le pagaré muy bien y la llevaré avivir en una casa bonita.
- Bájese, pues, y marre el caballodetrás de la casa, no le pasará nada, por estos lados las gentes son muy buenasy honradas. En esa estaca al dadode mi única vaquita y de ese marrano, puede dejarlo. Pase y le arreglo una estera.
- Dios le pague señora, le dijo elvisitante y presto hizo todo cuanto la viejita le indicó.
En menos tiempo de lo que el reyquisiera quedó profundamente dormido sobre una estera que la viejita le tendióen el físico suelo. Era la primeravez que el rey dormía en el puro piso. Despertó en las horas de la madrugada pues se colaba en la choza unfuerte olor a azufre y sintió ruidos extraños que parecían ser producidos porsu caballo. No resistió lacuriosidad. Se tapó la nariz,abrió con sumo cuidado la puerta de la chocita, ya las luz del alba todo loiluminaba y no vio por ninguna parte su caballo. En el preciso momento la anciana regresaba con un baldedonde traía el agua del desayuno, de una límpida fuente vecina.
- Tenga usted buenos días, bondadosaseñora, estoy sorprendido por la desaparición de mi caballo y por este olor aazufre.
- No se preocupe, buen hombre, se loadvertí cuando llegó, este es el camino de mandingas, por eso no hay ranchospor estos lados, los únicos animalitos que ha respetado es bribón son losmíos. Debió gustarle su caballo yse lo llevó, nunca más lo volverá a ver.
Dio las gracias el posadero y sedespidió de la viejita después de colocar en sus manos brillantes monedas deoro. Tomó una varita que seencontraba botada en el suelo para defenderse de los perros y empezó acaminar. No había recorrido muchocamino cuando un leñador le llamó la atención. Era un anciano que parecía reflejar muchas penas pero aquien se le veían muchas ganas de vivir y gran vitalidad.
- Buenos días, amigo. Qué hace por estos lados y a estashoras?
- Buenos nos los dé Dios. Vengo buscando con quien hablar puessoy muy pobre y no tengo a quien contarle mis penas...
- Soy el mejor confidente de la regiónme dicen Danielito, soy muy servicial, le arreglo todos los cachivaches a lasvecinas, aspiro a que algún día podamos cambiar las velas por la luz eléctricaen estos ranchos y entonces sí sabrán cuanto valgo. Pero vamos buen hombre, tengo unos mendrugos de pan, quequedaron de ayer y veo que no has comido nada. Siéntese y dele rienda suelta a su corazón que soy todooídos.
El mendigo sintió un gran alivio y nicorto ni perezoso dio rienda suelta a su lengua y a su imaginación, mientrasDanielito con unos ojos casi desorbitados oía su relato.
- Hace mucho tiempo vivo muy cerca deestas tierras, en estos alrededores. Tengo muchísimo dinero, soy rey de esas tierras y puedo caminar muchosdías sin que el sol se ponga en sus límites, pero no le he podido contar anadie como he conseguido ese dinero.
El viejo lo miró de arriba abajo, seextrañó de sus ropas, lo miró varias veces a los ojos y trataba de escudriñaralgo pero el rey ocultaba su cara como con vergüenza.
- Prosigue buen hombre.
- Una tarde paseaba en u corcel por losalrededores de mis tierras, por la parte más alta de mis dominios, en unaslomas que eran como un pan de azúcar. Un bosque hermosísimo cubría todas estas lomas, de pronto un caballeromuy elegante me mandó seguir a una casa grande vieja. Lo hice con precaución. Una vez dentro de la casa, todo se obscureció y un olorfuerte a azufre, casi me hace trastornar. Sentí miedo, nunca lo había sentido. Pero el caballero me dijo:
- No temas, soy un amigo tuyo que te havenido protegiendo, mi nombre es SATANAS y he venido a tu encuentro pues quieroque seas mucho más rico, sé que te gusta mucho el dinero y te ha oído cundo entus borracheras con el vino de las cepas de Capri, eres el único de estos ladosque lo tomas, me llamas, pero hay un Cristo en tu cuarto y no puedoentrar. Yo apenas acertaba asostenerme. Solo exijo a cambiodel dinero que te voy a dar, que me consagres tu alma, y la de tus familiares ylas del partido a que perteneces y que representas en la cinta que llevas en elsombrero. A cambio, todo el dineroque quieras.
- Y usted aceptó la propuesta deldiablo?
- No dudé en aceptarla y por eso tengotanto dinero. El demonio me dio unbeso en el trasero. Allí se meformó una puya grande, mire usted que no es mentira.
Danielito le contó a todo el mundo lahistoria del rey y éste volvió a sus tierras pero lleno de furia por todo loque le había tocado sufrir para contar sus historia, mandó derrumbar todos losárboles de sus territorios, puso tejares que alimentó con la madera ya seca,tumbó todos los caracolíes de “La meseta de los caracolíes”, los guayacanesfloridos, las ceibas, las acacias que había muchas, los guarumos y acabó con lavegetación y empezó a construir una gran ciudad, la llenos de casas pequeñitas y allí acomodó como pudo a todos lossúbditos a muchos que vinieron de otros reinos... Al cabo del tiempo el rey se murió de sed pues al talartodos los árboles se habían secado los rías y la súbditos se fueron muriendouno a uno y la ciudad de los búcaros se convirtió en un gran desierto en dondesolo había casas deshabitadas y pestilentes.
CondeFloridablanca de Mutiscua
LA PAZ...COLOR DE LA ESPERANZA
Ruidos muy extraños en la selva. Riela en losespacios una luna casi roja y desfilan en las corrientes de los grandes ríos yen las corrientes de los pequeños ríos cadáveres de hombres, mujeres muertas ydespojos de niños con las bocas hacia abajo, mirando como al fondo del río...es el desangre de una patria... es la agonía de una gran nación...
Alex leía con mucha atención esta lección, repasabaen su memoria, memoria todavía fresca, inocente, pura, no contaminada.Regresaba y se sentaba frente a su televisor y la lección se repetía. Noaguantó más. Emprendió veloz carrera y se internó en un bosque porque queríadescifrar lo que pasaba, porque sentía que en su alma había un quejido que nopodía silenciar, el alma de patria le dolía y cansado de tanto, de tantocaminar, se botó rendido al pié de un gran caracolí... se quedó dormido.
Vinieron unas nubes y refrescaron su cuerpecitocansado, lleno de angustia, sudoroso... el trino de las aves que ya buscabantambién sus ramas para dormir, hizo agradable el empezar a soñar... Era uncampo muy grande, dentro de la selva más grande le universo. Dos hombresaparecieron, uno perfilado, lleno de gomina su cabello, vestido brillante,escoltado por lujosos y apuestos generales y un hombre regordeto que tenía elnombre de interlocutor. Otro hombre armado hasta los dientes, cara de terror,botas hasta la rodilla, destilaba sangre en su mirada, escoltado por hombres derostros pavorosos, temerario, muecas por sonrisas y se sentaron a negociar lapaz... Una guacamaya destrozada, con pedazos de plumas, sangrante, la que antesvoló libre como el viento por las regiones del Amazonas, por los Andes, por losríos y las llanuras; la que recibió alegre y parlanchina todos los días al soly despidió los crepúsculos de la nación, agonizaba atravesada por la injusticiacometida contra los trabajadores, contra los humildes, contra lo desposeídos,contra los que carecen de trabajo, los rebeldes, los que están sometidos a laley y cumplen con el es Estado... La guacamaya de la paz que aún conservaba elverde de su plumaje, el verde de la esperanza, cruzó el sitio dando grandesvoces e implorando se le permitiera de nuevo posarse sobre todo su país.Pidiendo que se le permitiera de nuevo volar por los Andes y las selvas, porlos ríos y las praderas, posarse en los palacios y en los aleros de las casas yen los cumbrales de los ranchos de paja y lucir sus plumajes en los sombrerosde los campesinos...
Los hombres se sentaron a hablar de la paz, pero nocesaban los ruidos de las metralletas en la selva, los ríos seguían arrastrandoinexorablemente la muerte hacia el abismo. Los dueños de la nación, los grandes dueños explotadoressiempre de sus riquezas, de sus presupuestos seguían quebrando las empresas, saqueando los bancos,explotando a los pobres, estimulando a los que tienen y quitando a los quecarecen de todo... era el caos. Alex no podía dormir con tranquilidad, un soporterrible invadía todo su cuerpo. Un conejito compasivo se acercó para secar consu peluche el sudor de su frente, una golondrina nocturna puso en sus labiosuna gota de agua y un sabio león se le acercó muy lentamente, como para no despertarloy a sus oídos le relató losiguiente:
Querido niño: Sé que noentiendes muy bien lo que está sucediendo en este país. Lo hubieras queridopróspero, lleno de riquezas, disfrutar en todas partes, conocerlo palmo a palmopara sentirte orgulloso de él, bañarse en sus ríos, lucir su oro y susesmeraldas, ver funcionar grandes hornos con su carbón, transformar el hierrode sus entrañas, cosechar sus frutos y disponer de su agricultura, pero sobretodo quisieras vivir en paz, no ver tanta sangre, no saber de secuestros, decrímenes, de muertes sin culpables, no quisieras ver asesinada la risa, lospétalos de la rosa, la fragilidad de los pajaritos... entiendo tu angustia.Pero óyeme muy bien. Un día corrieron, volaron por estos árboles centenares de guacamayaspintadas de todos los colores, pasaban cantando el himno de la paz; por lasriberas de los rios pastaban alegres los ganados y el campesino recogía puntualsus cosechas y a la orilla saltaban peces plateados y alegres; a la hora de lamisa sonaba la campana y todos acudían a dar gracias a Dios en sus humildesiglesitas; comían el fruto de su trabajo dentro de la alegría del hogar y seidentificaban todos con sus parcelas, vivían felices, era el imperio de la paz.El hijo respetaba al padre, el padre era fiel a la madre, se rezaba el rosario,se decía la verdad y el engaño estaba desterrado, reinaba el amor. Pero un buendía se fueron perdiendo los valores, el hijo se reveló contra sus padres,abandonó el barbecho, se mataron los peces con la pólvora, el rico no pagó lojusto a su empleado, el hacendado despachó a su obrero sin cancelarle lo justo,el banquero empezó a robarse todo el dinero de sus clientes, el politiquero lemintió a sus electores, la mentira suplió la verdad, el dinero fácil al trabajo,corrieron ríos de dinero alimentados por el narcotráfico y la ambición hizocarrera en el alma de los hombres y Dios fue desplazado de su corazones. Lasarmas sustituyeron al azadón y a la pala y el odio empezó a asesinar hombres ymujeres y niños, y los campos se quedaron solos y empezaron a morir lasguacamayas, se tiñeron de sangrelos ríos y bajaban por sus caudales más cadáveres que peces, los peces tambiénse murieron, ser murió la fe, se murió el amor entre los hombres... y empezó laguerra... esa guerra sin fin que no se acaba y que nos destruye cada día más.
Se quedó como dormido también el viejo león, comosi hubiera perdido la esperanza y Alex empezó a despertar y a entender un pocoel porqué de esta guerra sin razón, porqué de estos paros, de estainconformidad general y tomó su pluma y pidió a esos dos hombres, al dueño dela nación, el de gomina en el pelo y al temerario dueño del campo, de lasarmas, que revivieran la guacamaya y le ofrecieran a los niños el nuevo país,el país de la paz.
ErvinFigueroa B.
Bucaramanga, agosto 31 de 1.999.
EL PECECILLODE COLORES
Ervin A. Figueroa B.
Siempre el mar ha sido para el hombre unespectáculo, un fenómeno admirable, terrible, amable, tenebroso, ideal, perosiempre lo ha mirado con sumo respeto. El más avezado marino lo reverencia,respeta ama y teme. El mar está lleno de sorpresas, de oscuridad, de luz y detinieblas al mismo tiempo, lo cierto es que en él se encuentra un mundo dondeflorecen las más extrañas plantas, las flores del mar. Animales desde los mássimples y diminutos, hasta los más exóticos y gigantes. Piedras preciosas,conchas de las más variadas y caprichosas formas, perlas blancas y negras quebrotan de esas conchas, corales de diferentes y hermosos colores, profundidadesabisales, montes muy altos, que a veces terminan en una isla, valles,hondonadas, ríos salados y dulces, fuertes corrientes marinas, espectáculos delos fenómenos de la naturaleza como maremotos, tifones, tornados, olasgigantescas, grandes trozos de hielo que se deslizan en sus aguas y mansas olasque llegan a la orilla a acariciar nuestras plantas y que traen cocos, conchasdiminutas, cachivaches.
Suspiros de la otra orilla del mar, barcosperdidos, náufragos que piden regresar a la orilla, esperanzas muertas,esperanzas de algo nuevo. Es el mar que va y que viene, es el juego de la ola, es la vida queviene y que parece que se aleja pero vuelve...
La vida del mar está en permanente movimiento. Elque quiere salirse, ocupar la otra tercera parte del globo, algas marinas detodas las especies, enormes tiburones, pulpos, anémonas hermosas y traicionerasy miles de pececitos de colores que en bandadas, muy ordenadas cruzan libres deun lado a otro, juegan en el agua, saltan brillan en el aire con los rayos delsol. Aquí va nuestro amigo, es alegre y saltarín, ha tenido un grupomaravilloso de amigos desde su más tierna infancia. Quiso en alguna oportunidadoír de sus mayores el origen de su ser, desde cuando sus padres desovaron,fecundaron con su aliento vivificador su vida, pero no puso mucha atención leparecían muy aburridas esas historias. En una oportunidad quiso alimentarse deuna alga muy hermosa y ésta le llamó la atención, quería ser amiga de tanhermoso pececillo:
Tienes hambre Pececillo, hermoso?
Como presionado contestó: Tan solo un poquito, comocasi por curiosidad. Te duelen tus hojas si como de ellas?
Me duele más la indiferencia, la ingratitud, eldesamor. Dios me ha colocado aquí para que mis hermanos de naturaleza subsistany podamos todos compartir lohermoso de la vida, de la vida del mar.
¿Qué le ves de hermoso a todo esto? No es más quela monotonía del vivir. Todo esto tiene que ser así... y qué significan todasesas palabras tan lindas, pero que no entiendo, no significan nada para mí.
Por eso eres indiferente? La indiferencia es unpecado muy grave, nos hace insensibles a la belleza, a los demás?
¿Y quiénes son los demás? No ves que vivo solo, quedebo alimentarme solo, que nado solo de un lado para otro?
¿Cómo, exclamó espantada la planta, y todos losdemás pececitos que nadan con tigo, que comieron en estas hojas, que no son tanhermosos como tú, pero que me regalaron una sonrisa, me dieron un beso, meacarician porque los alimento, quienes son, no son tus amigos? Ellos son lodemás. Las otras plantas, los grandes monstruos que nos amenazan con comernosde una dentellada, los que son pacíficos, los corales, el agua, las corrientesen que a veces te vas a recorrer el mar, la luz que trata de penetrar desde lasuperficie, el sabor del agua... todos ellos son los demás. Todos contribuimospara que haya vida. Nosotros los alimentamos a ustedes, a su vez nosotras nosalimentamos del agua, el agua extrae sus alimentos de las capas del mar, de losminerales... y todos contribuimos con la vida del planeta en donde estamos, ala vida de los hombres...
¿Y qué es ingratitud?
Es el peor pecado del planeta. Cuando tú comes demis hojas y no me lo agradeces, eres ingrato. Cuando no reconoces la amistad detus amiguitos los otros pececitos, eres ingrato, cuando no reconoces tu origen,quienes te han hecho bien en la vida, te han ayudado a crecer, quienes tequieren y valoran, eres ingrato. Si no reconoces que hay un Dios que todo loordena, que todo lo dispone, quele da movimiento a las aguas, colores a las flores y a ustedes los pececitos,eres un ingrato. La ingratitud mata a los peces y a los hombres. Es causa de laguerra, de los atropellos, de las injusticias...
Tan grave es la ingratitud?
Tan grave. No hay aroma más delicado, no hay manjarmás delicioso, no hay agua más fresca que el reconocimiento de las personas, delos peces. No hay nada mejor en la vida, sobre el planeta, en el agua, en elaire o en la tierra que la GRATITUD. Tú precioso pececillo, lo serías más lindosi fueras más agradecido.
Y cómo se es agradecido y grato. ?
Si das gracias a Dios por la noche tan hermosa queacabas de soñar, por el día tan lindo que termina, en donde tantas alegríastuviste, en donde pudiste sortear los peligros del mar, las corrientes, losanimales feroces, en donde tus enemigos no te pudieron hacer daño, te librastede la envidia de los otros pececitos. Cuando das gracias por la vida, por elalimento que tienes a tu disposición, por tus padres, por tus amigos, por todolo que constituye tu mundo. Cuando te reconoces a ti mismo. Cuando miras tubarriguita plateada y tus espaladas rojas, con ese rojo intenso que tienes, tushermosas aletas, tus agallas que te permiten respirar, tu cola que te permite direccionar tusmovimientos... en esos momentos, eres agradecido, eres grato.
¿Y qué es el desamor? Inquirió con ciertainsistencia el pececito de la barriguita plateada y espalda de rojo intenso.
El desamor, amigo mío, es la tristeza de la vida.Es no reconocer al otro, es ser ingrato, es no valorarse ni así mismo ni a losdemás... Es la guerra, el odio, la injusticia... es la soledad absoluta.
El pececito de la barriguita plateada y espaldas derojo intenso, tuvo ganas de llorar, se retiró muy triste del alga y le dijo“gracias” para no pecar de ingrato.
Unido a sus amiguitos siguió vagando por el mar,pero sin percatarse que ellos estaban con él, de la belleza de las demás algas,de los corales, de los grandes monstruos marinos de los cuales siempre tratabade huir... Temía sí, a las profundidades del mar porque allí no había luz, sesentía asfixiado en sus aguas, chocaba con todo, se espinaba... no quería laoscuridad, le parecía que en esas profundidad del mar había muchos peligros...
Como no apreciaba todas las bellezas que le ofrecíael medio marino, se sentía cada vez más triste, más aburrido. Pensó que si depronto buscaba otros mundos, iba a estar mejor. Vio de pronto, cuando iba en lacresta de una ola, un grupo de pájaros los persiguió y se llevaron a algunos desus compañeritos. Le hizo pensar que se iban de paseo, que algún amigo quevolaba los llevaba a otros mundos. Trató de saltar, saltó lo más alto que pudosobre la superficie, vio la playa extensa y reverberarte y pensó llegar a esenuevo mundo. Se acercó en la misma ola cuanto pudo, de un salto quedó en mediode la arena. Sintió en todo su cuerpo como si algo lo quemara, le faltó inmediatamente el aire, pero satisfecho pensó que estaba enel mundo que había soñado, ya se acomodaría. Todo era tan extraño, nuevo elhorizonte, era una sensación diferente. Una gaviota, ni muy grande ni muypequeña, se le acercó, el instinto de conservación hizo que sintiera un miedoprofundo en todo su ser. Era un monstruo que amenazaba con destruirlo, era comoel guardián de la playa, de ese nuevo mundo. Temblaba de terror y sentía que elaire le faltaba cada vez más. La gaviota se acercó cautelosa, él temblaba comouna hoja. Ya muy cerca le dijo:
Buen amigo, tan hermoso, qué haces aquí? Ignorasque las gaviotas nos alimentamos de los peces como tú? Pero no temas, yo soydistinta a todas, no te voy a comer y si quieres te ayudo, veo que estás enproblemas.
Siempre soñé este mundo, susurró el pececito yacasi sin poder respirar. La arena se filtraba por sus agallas. Si eres buena,ayúdame a regresar a mi mundo, a mi mar, pues creo que voy a morir en estelugar, caliente y tenebroso.
Porque viniste hasta aquí?
El mar me parecía muy monótono, no tiene nada dehermoso, todo me aburre.
No entiendo por qué me hablas del mar en esostérminos. Es lo más hermosos de la naturaleza. Agua de diferentes colores,plantas, pececitos como tú hermosos, de mil colores, monstruos de todos lostamaños, atardeceres preciosos. Es un sitio ideal, lo más hermoso que hayapodido crear la naturaleza. Comida en abundancia. En cambio esta playa essiempre desierta, no tiene ningún alimento. Si no vienen turistas que dejanboronas de comida, pedazos de galletas, nosotras no tenemos que comer. Nospeleamos cuando encontramos un pedazo de comida. Estamos pendientes si pasaalgún barco para que cuando hayan acabado de comer los nautas, laven losplatos, voten los desperdicios y entonces nos lanzamos todas a ver si esposible coger un mendrugo de los desperdicios para saciar el hambre. Quéhermoso es el mar. Inmenso, insondable, misterioso...
Así quieres al mar?
Mucho más.
Yo no he visto nada extraordinario en él.
Y sus corales, sus plantas, sus peces, sus algas,sus corrientes, su vegetación...?
Todo me era indiferente, pero hoy he aprendido quemi mar es lo más hermoso que hay, ayúdame, buen pájaro a regresar a él.
Sí, veo que desfalleces, que ya no puedes vivir.
Lo tomó con delicadeza entre su pico, levantó elvuelo con sumo cuidado y lo depositó muy suavemente, en una ola cerca de laorilla. El pececito regresó a la vida, sintió que una corriente de frescuracorría por su barriguita plateada y por sus espaldas rojas, que podía de nuevorespirar, que el agua salada le estaba haciendo nacer de nuevo. Escasamentepudo dar gracias pues la gaviota no se podía detener, pero estuvo pendientedesde el aire.
A partir de este momento, fue el pez más cariñoso,el más sencillo, el más alegre y jovial, el mejor identificado de todos lospeces. Reconoció el medio en el cual se movía, tomó las corrientes marinas yviajó cuanto pudo, fue agradecidosiempre, en todos los amaneceres daba gracias a Dios y lo mismo hacía cuando anochecía. Y siempre recordócon cariño a la buena gaviota que le salvó la vida y que lo hizo reflexionar.
BARCOCAMARONERO
Mi humilde homenaje a la soberbia raza cubana
que prefiere una muerte digna
ala ignominiosa dictadura.
Ya me sentía un hombre. Corría por mis venas una sangre roja,hirviente y llena de ilusiones. La sangre cubana. Muchas veces a la orilla del mar eché a volar miimaginación y persiguiendo las gaviotas me subí en las crestas de las olas,descendí y volví a subir mil veces y ellas fueron el reflejo de mi indómitavoluntad, quería ser libre como el viento, ágil como las gaviotas, como lasolas incansable y grande como el mar. Yo era uno de tantos hijos de la reinadel caribe. Mi madre me enseñó a rezar el rosario al pié de la cama, sembró en mi corazón las virtudes y losvalores del hombre honesto, el hogar me dio todos los instrumentos necesariospara ser una persona.
Había estudiado en las escuelas de mi Cuba y aprendido que ni el vicioni la tiranía, podían ser compatibles con el progreso, con la realizaciónpersonal de quien aspira a servir a la humanidad, a ser gente. Eso no estabacon migo. Pero el sistema político que empezaba imperar hizo que abriera losojos porque mi libertad de pensar, de actuar y aún la sentir, se veían amenazadas.
Un tirano, un déspota estaba en el poder. Se alimentaba de sangre, dela misma sangre que sentía hervir en mis venas, trabajadora, llena de méritos.Artesanos de todos los oficios habían sido fusilados sin piedad, por el solodelito de no comulgar con el régimen. La caña de azúcar se había salido de lostrapiches y su miel corría en unsolo río de sangre para alimentar la codicia, la sed de venganza, el orgullo,la prepotencia del asesino. El humo del tabaco, del tabaco rubio, el mejor delmundo, el mismo humo que antes se escapaba de los caneyes, de los quicios delas casas regando en el cielo azul la paz de las conciencias, la tranquilidadde los hogares, ahora se levantaba también teñido de sangre. Por los surcos delas sementeras corría como un líquido maldito la sangre roja, muy roja de lostrabajadores. Era el signo de la depravación, de la tiranía, del despotismo,del crimen, del asesinato, era la hora del tirano y yo no podía estar ahí,sufría la asfixia de la impotencia para luchar en contra é y el mar me abría los brazos en búsqueda de lalibertad. Ese mismo mar de mi niñez, el que me enseñó que la libertad no semendiga, se conquista, el mar de las playas interminables, el de las gaviotasque vuelan libres por viento, el mismo que lleva las embarcaciones y las traellenas de peces de todos los colores y tamaños, ese mar a veces embravecido, aveces tranquilo, el mar que en las horas de tranquilidad en la noche se dejabesar voluptuoso de la luna, mimar, el de mis costas, el mar de mi alma.
Esta noche es imposible dormir. Un cierto bochorno pica por todaspartes en mi cuerpo, pero en mi alma empieza a anidarse un fuerte impulso delibertad. Libre la imaginación vuela detrás de las gaviotas, se deslizajuguetón sobre un coco encima de las olas, va a la orilla, regresa, estáinquieto en extremo. Yo no puedovivir al lado del tirano.
-Ajá, padre, lo veo triste que le pasa, algo no anda bien por estoslados?
-Porqué me dice eso, hijo. No ve que estoy trabajando tranquilo,tratando de obtener lo mejor de la caña, para poder subsistir? Su mamá le hacomentado algo? Porqué dice eso…
-No sé padre, me ha invadido una gran tristeza, no sé en realidad quees lo que me pasa, pero lo noto muy triste. Sus ojos, no son los ojos alegresde otros días. Los he sorprendido hablando con mamá como si guardaran unsecreto. He sido un buen estudiante en la secundaria, quiero ser un granhombre, pero veo que en esta tierra es imposible serlo. Siento que el déspotaese que se tomó el poder, quiere acabar con todos nosotros. No le parece?
-Estoy de acuerdo con usted hijo. Yo no he sido nunca enemigo de laautoridad, no quise nunca darles ese mal ejemplo, ni a usted ni a sus hermanos.La autoridad viene de Dios, pero cuando se irrespeta a la persona, se le quitantodas sus libertades, no se respeta ni la vida, que es solo atributo de Dios,no se puede aceptar la autoridad como tal. Este tirano fusiló a mi compadre, porel solo delito de no estar de acuerdo con él. Ha asesinado a muchas gentesbuenas, honestas, trabajadoras.
-Padre, me he dado cuenta y eso es una de las cosas que me tienen muytriste. No se justifica la muerte para nadie, pero los explotadores, los oligarcascontra los cuales supuestamente se hizo la revolución, se fueron para elexterior, muchos en sus propios barcos, en sus propios aviones. Aquí nosquedamos los que no pudimos huir porque no teníamos cómo, los pobres. Los quecreemos todavía en este pedazo de patria.
-Porqué dice todas esas cosas hijo?
Porque creo que no puedo tolerar más todas estas injusticias,asesinatos, mentiras que está patrocinando el tirano. Me quiero ir, me quieroir, padre de mi isla, de esta tierra que amo entrañablemente. Quiero ser libre,pensar libremente, actuar libremente, estudiar, progresar.
-Y cómo podemos pensar en irnos hijo, si lo perdimos todo, si notenemos sino para comer. Somos varios, para dónde vamos, qué iremos a hacer.Cómo hago para alimentarlos, para educarlos.
- Padre, nos estamos asfixiando, nos estamos muriendo poco a poco,este asesino está cortando nuestras cabezas lentamente, es preferible pereceren el mar, ahogados, morir de hambre en otra parte, que perder la libertad.
-Lo dice hijo, porque tal vez no tiene la responsabilidad que yo tengocon ustedes, porque es muy joven y tiene muchas cucarachas en la cabeza.
-No es eso, padre. Usted ha demostrado muchas veces que cree en losjóvenes. Que Dios no abandona a nadie. Nos ha enseñado que vale más la libertadque la vida misma.
-Eso es cierto, pero vamos a tomar las cosas con calma y estudiamos laposibilidad de salirnos de estas tierras.
-Padre, ya se ha colmado la medida, yo no tolero un día más el estaren medio de esta infamia, al lado del tirano, bajo su régimen, obedeciendo susórdenes. Esta misma noche tengo que partir, no se cómo, no sé para donde, prome voy.
-Hijo es una determinación muy precipitada. Cálmese. Y tu mamá, y tushermanos y yo. No contamos?
-Papá, es una determinación muy delicada, no los puedo comprometer austedes. Puede costarme la vida, por eso yo asumo la responsabilidad frente amí mismo, como usted me enseñó.
-Hijo mío, venga un abrazo. Me siento orgulloso de usted. Nunca lohabía oído hablar tan lindo. Son mis palabras por su boca, son mis sentimientospor su corazón, es mi coraje en su voluntad. Lo quiero mucho.
El sol era más brillante, la tarde calurosa se hacía más y empezaba,muy lentamente a oscurecerse. Ese manto de neblina de las primeras sombras, labrisa acariciante del declinar de día y la manada de gaviotas que regresan alnido, sorprendieron al padre y al hijo en un estrecho abrazo de amor, decoraje, de libertad.
-Entonces, padre, usted se va con migo?
-Sí, no solo eso, todos nos vamos. El mar es nuestro amigo y Dios nonos dejará sucumbir. Esta misma noche tenemos que zarpar.
Se alejó mi padre pensativo pero resuelto, yo lo conocía muy bien.Lloré no se cuantas lágrimas de emoción, lloré mucho, creo que hasta que salióla última lágrima. Pero no era la hora de llorar. Siempre había sido un jovende acción. Puse mis cinco sentidos en el puesto, detuve el acelerado corazón yme levanté resuelto a salir de mi tierra.
No bien me había repuesto de tanta emoción, cuando vi. a lo lejos elpálido reflejo de las luces que empezaban a encenderse de un barco conocido.Aceleré la marcha, creo que corrí un buen rato en la playa, quería volar. Síera el barco de Don Genaro. Ni muy grande ni muy pequeño, un camaronero untanto viejo y destartalado que no despertaría sospechas de ninguna naturaleza.Genaro era un viejo curtido en el mar, de tez trigueña y musculosos brazos.Ronca la voz, la mirada dura pero serena al mismo tiempo, no demoró endescubrirme y gritarme en voz muy alta:
-Qué haces por estos lados muchacho, venga ese abrazo. Y del viejoSantiago. Qué?
-Hola, don Genaro, cuanto gusto, qué hace usted?
-Ya lo ves muchacho, trajinando con este barco, dándole al negocio. Yaestoy como cansado. Los años, la situa, el problema, ya tú sabes. No nos dejanni mover. Tú comprendes ya eres un hombrecito. Qué orgulloso debe de estarSantiago.
Genaro entendió todo lo que el muchacho le dijo. Interpretó las ganasque tenía de salirse de la isla y parece que lo envidiaba. Lo que no entendíaera la actitud de Santiago. Un hombre apegado a su tierra, buen conversador,jugador de cartas, de muchos amigos, alegre, todo un hombre, cabal en el plenosentido de la palabra.
-No me tienes que pagar nada, muchacho. Dile a Santiago que debajo deltimón quedan las llaves, trataré de conseguir toda la gasolina que pueda. Si elmar está bien les va a alcanzar, no es bueno poner muchos galones, hay mucho“sapo” y se pueden dar cuenta, sospechar. Me abrazas a los viejos. Dios tebendiga, muchacho.
Era una mezcla de alegría y de preocupación. Un cúmulo desentimientos, pensamientos que cruzaban por mi mente como meteoros, pero en elfondo una gran esperanza, una luz encendida iluminaba mis pasos. No sé cuantotiempo gastaría, en llegar a la casa. No se veía nada extraordinario. Ingresécon mucha cautela y encontré los rostros diferentes de todos. Mi madre, misanta madre reflejaba angustia, esperanza, ella siempre estuvo al lado de todosnosotros, al lado de mi padre, secando nuestras lágrimas, animando lassonrisas, una palabra dulce en sus labios y una caricia en todo momento. Mishermanos, caminaban nerviosos de un lado para el otro, pero parecían serenos,todos en silencio. Sabían que yo regresaría con la solución en la mano. Lo queno sabían era que el viejo Genaro fuera a ser un amigo tan firme de mi padre,de la casa. Cuando les conté, hubo en el rostro de todos una sonrisa desatisfacción. Todos listos. Saqué mi morral con unas cosas mías, dos camisas,tres pantalones, un par de zapatos, una toalla, el cepillo de los dientes y lacrema…Mi mamá además había preparado no sé a qué horas unos fríjoles, un pocode arroz y varios galones con agua. Al salir todos miramos por última vez lacasita que era un refugio de paz, una bracita de amor, el nidito de vida endonde habíamos crecido y fuimos avanzando uno a uno, sin despertar sospechas delos vecinos, ni de nadie. Don Genaro había colocado el barco en un sitio oscurode la playa y más bien solo, como mi padre era tan amigo de don Genaro, pareceque las pocas gentes que nos vieron subir, no se extrañaron mucho. Sonó el motor y nos fuimosdeslizando lentamente a alta mar. Estaba tranquilo, el movimiento de sus olasnos fue sacando como cómplices de nuestro intento y en menos del tiempo quecreíamos, solo vimos unas lucecitas en la playa…unas luces cada más débil. Éramos una hoja en el viento, una hojaen las manos de Dios.
Nos abrazamos todos, los movimientos del barco eran suaves y todo nosindicaba que muy pronto estaríamos en otras tierras, que aunque ajenas,promisorias y en libertad.
Habían transcurrido algunas horas. La noche avanzaba con el barco yunos nubarrones negros amenazaban por todas partes. No muy lejos de dondeestábamos podíamos ver como luces infernales los rayos y centellas que debíancaer en el mismo mar por donde íbamos. El viento subió de intensidad muyrápidamente, solo nos quedaba un galón de gasolina de los que había puesto donGenaro. Mi padre se empezaba a angustiar, lo podía leer en su voz y en surostro cada vez que un relámpago me lo mostraba. Me daba la impresión queestábamos perdidos del camino, yo confiaba ciegamente en mi padre, pero sabíaque él no era un marino avezado. Muchas veces acompañó a don Genaro a pescar,cerca de la costa y siempre regresó a casa temprano, de diez a once de la nochecuando lo hacía más tarde.
De pronto se apagaron los motores, los instrumentos de navegación nofuncionaban, solo escuchábamos el ruido de las olas, estremecedor, angustiante.Un manto negro, tenebroso envolvió la embarcación, nos tomamos de la mano y oramos entre confundidos yesperanzados…”Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tunombre, hágase tu voluntad…” Todos lloramos pero mi madre nos animaba y nosdaba fuerza y confianza. El aletazo de un tiburón estuvo a punto de voltear elbarco, unos relámpagos iluminaron la proa y pudimos ver con claridad que erancientos de tiburones los que abiertas las fauces, rodeaban la embarcación. Eltiempo era interminable, la oscuridad era terrible y a no ser por las oracionesde nuestra madre, hubiéramos muerto de desesperación. Mi padre tomó un cuchilloque brillaba con los relámpagos y se retiró a la proa con una tabla en lasmanos. Mi madre estaba apegada a una imagen del Nuestra Señora de la Caridaddel Cobre y al terminar de rezar el “Ave María” vimos a lo lejos como las lucesde un barco. Ya había amainado la tormenta, pero seguíamos a la deriva. Laembarcación acercó cuanto pudo yoímos perfectamente como por un alta voz:
-Identifíquense, quienes son, nacionalidad, nombre del barco…
-Barco camaronero, estamos a la deriva, gritó mi padre, entre laangustia y la esperanza. Este es el camaronero “San Justiniano”. Necesitamosayuda, por favor S.O.S.
-Imposible, estamos en misión especial, somos de la Armada Americana. Pero trataremos de enviarles ayuda.Tengan fe. Ustedes están en aguas prohibidas, en el Golfo de México.
La duda se apoderó de mí. Éramos fugitivos, estábamos en aguasprohibidas, lo más probable era que nos hundieran. Era muy sencillo, nadie sedaría cuenta, ni el viejo Genaro, aunque él debió estar en el muelle expiandola salida. Pero de nuevo mi madre que notó mi angustia, me dio fuerzas. Laoscuridad era cada vez mayor, si se puede decir, seguía en mi duda cuandosentimos el ruido de un motor. No veíamos absolutamente nada, no era el motor deun barco, era como un tableteo y muy pronto unas lucecitas empezaron adestellar en el infinito, se acercaban cada vez más. El radio del barco tratóde servir de nuevo y captamos una voz:
-Somos un helicóptero de la Armada Americana, somos del cuerpo de rescate,necesitamos las coordinas exactas.
Mi memoria se iluminó de inmediato, yo sabía las coordenadas del Golfode México. Las había aprendido en la escuela y nunca se me olvidaron, no se sifue porque alguna vez tendría que salvar mi vida y la de mi familia.
Notamos perfectamente que el helicóptero trató de bajar, pero unviento fuerte impedía la operación. Las olas eran todavía muy altas. El barcose llenaba cada vez más de agua. Todos estábamos mojados de pies a cabeza. Novolvimos a oír nada y sentimos que el pájaro metálico se retiraba del sitio dela tragedia. Debíamos morir irremediablemente. Dios estaba sordo, pero mi madrerepetía casi angustiosamente el salmo 41 que sabía muy bien de memoria.
De pronto, una lucecita se acercaba, era muy tenue pero su brilloaumentaba cada vez más, aunque muy lentamente. Oímos de nuevo el alta voz.
-Somos una patrulla de rescate, den alguna señal. Somos una lanchasalvavidas, de la marina norteamericana. Tengan calma.
Mi padre recordó que el viejo Genaro tenía debajo del timón unas lucesde bengala y como un resorte saltó hacia el timón y efectivamente en unacajita, herméticamente cerrada estaban tres luces y una yesquera, que alrastrillar con un mecanismo especial que tenía, encendía una cuerda retorcida queel viento no podía apagar sino que más bien avivaba el fuego. Rastrilló layesquera y encendió la luz de bengala.
Al poco tiempo sentimos caer en el barco algo pesado. Era una bombaextractora de agua muy fácil de usar, la pusimos a funcionar y el barco volvióa recuperarse, sentimos que se levantaba sobre las aguas y flotaba con máslibertad sobre las olas.
Al rato otro golpe en el barco. Nos habían lanzado una especie deancla y nos comunicaron por el altoparlante que la atáramos a la proa de algunamanera. Así lo hicimos, el viejo Genaro había tenido el cuidado de colocar unosgarfios muy grandes por todos lados del barco, a babor, a estribor, en la popay en la proa. Sentimos que nos remolcaban y respiramos con cierta tranquilidad.
Mis hermanos estaban casi desmayados, todos deshidratados y mi padreagotó sus últimas fuerzas siguiendo las indicciones que nos daba la patrulla derescate. Ya era casi el amanecer, las tinieblas se habían disipado un poco ypor lo menos ya no se sentía ese fatídico chapaleo de los monstruos marinosrondando nuestros cuerpos, ansiosos de devorarnos, como si fuéramos un manjarmuy exquisito.
Estábamos a salvo. Pero qué había sucedido? Nos habían devuelto alsitio de partida? Nos llevaban a México en cuyas aguas estábamos? No. Estábamosen tierra americana, en la tierra de la libertad y de la salvación. Nos dieronla orden de desembarcar con las primeras luces de día, no éramos capaces desalir del barco. Parecía que al movernos se hundiría. Nos pasaron a la lanchade rescate. Hicimos el esfuerzo y con sumo cuidado fuimos trasladándonos uno auno. Los guarda costas nos daban la mano con mucha amabilidad y compasión. Mi madre primero, luego mis hermanos,mi padre después, yo me incliné y recogí la tabla que mi padre había tomado enmedio de su desesperación con un cuchillo en sus manos y pasé al otro barco.Mientras llegamos al muelle, suspiré muchas veces, di gracias a Dios porhabernos salvado la vida. Cuando todos estuvimos en tierra nos arrodillamos,oramos de nuevo y vimos a lo lejos que el barco de don Genaro, el que nos habíatraído a la libertad, se hundía solo en el mar…Habíamos llegado a la tierra del“Sueño Americano” detuve la mirada en la tabla de mi padre y descifré unletrero que decía “NOS HUNDIERON”
Vinso de Mutiscua
Ervin A. Figueroa B.
T.954.815.6328

No hay comentarios:
Publicar un comentario