lunes, 20 de abril de 2009

La Bendición

LA BENDICION

 

Primera parte. 

No hace mucho tiempo, un amigo ocasional, que hubo de presentárseme, en el mismo santuario de SAN ANTONIO DE PADUA, en Italia,  me narró en un italiano muy castellanizado los siguiente: “He sido un devoto de San Antonio, desde el seno de mi madre, ella era Veneziana, muy aferrada también al Señor, por medio de San Antonio. De hecho mi nombre es Antonio pues cuenta mi madre que como a los ocho días de nacido fui atacado por una fuerte enfermedad a los pulmones y ya casi moribundo, me trajo a este santuario, me ofreció a San Antonio, e inmediatamente salió del convento que cuida los sagrados restos del santo, empezó a sentir en mi cuerpo la mejoría, pues la fiebre muy alta no me dejaba y al salir, decía  mi madre, que me sentía totalmente normal. Bueno eso es parte de lo que justifica mi devoción por el santo. Pero he sido testigo de algo muy especial, con relación a la Bendición, que uno a veces recibe, o da, en la iglesia, fuera de ella, en la calle, en el hogar, en cualquier parte. Tuve en mi infancia una revelación en la que es me permitió ver cómo a las personas a quienes se les decía “QUE DIOS LO BENDIGA” un rayo luminoso descendía sobre ellas, las bañaba de un inmensa claridad y de sus ojos brotaba un rayo que curaba todas las partes de su cuerpo , enfermas; que llenaba de entusiasmo y alegría a quienes la recibían, pero se colocaba delante de ellas un ángel con una espada de fuego, que despejaba el camino y ahuyentaba todo peligro físico o moral que las acechara.  Fueron muchas la visiones, durante varios días en donde veía a las personas que bendecían y a las que eran benditas. Era como una orden que recibía el Señor, e inmediatamente mandaba legiones de ángeles protectores. Las personas que bendecían eran comunes y corrientes, pobres, mendigos, personas agradecidas por algún favor, personas importantes, religiosos y religiosas,  padres, hermanos, familiares, pero cuando un padre o una madre bendecían,  la luminosidad era más intensa que casi me enceguecía y como una nube protectora envolvía al beneficiario y lo llenaba de una inmensa paz espiritual.

 

Pero tuve una muy especial de un borrachito que en medio de su vicio, le regaló a un pordiosero los centavos que le quedaban, pues se dijo, para comer y para beber, Dios da. El pordiosero muy agradecido, le dijo: Dios te bendiga y te proteja de todo peligro. Aún no había terminado de decirlo el pordiosero, cuando el borrachito cayó en un hueco profundo y grande, lleno de escombros, vidrios, piedras que salían y animales venenosos. El pordiosero impresionado se acercó a la boca del hueco y extendió su mano para ayudar a sacar al borrachito, que subía por una escalera muy larga y que muchas veces de pasar por este sitio, nunca vio. El vicioso le agradeció y le dijo que muchas personas lo habían tomado del cuerpo antes de llegar al fondo y lo habían colocado en esa escalera. Y que nunca dejó de oír: “DIOS TE BENDIGA Y TE LIBRE DE TODO PELIGRO…”” 

Hasta luego, me dijo el amigo, ten mucha fe en este santo, San Antonio de Papua, y que DIOS TE BENDIGA. 

Esto es solo una muestra de los beneficios de la BENCION. Bendice siempre, cuando te hagan un favor, cuando te presten un servicio, cuando te ofrezcan un vaso de agua, cuando una persona haga algo por ti o por tu familia, bendice siempre, al pobre, al rico, al humilde al poderoso, al enfermo, al vicioso, al santo, al que te hace algún daño, bendícelo,  si te viene un pensamiento malo en contra de una persona, bendícela, deséale lo mejor, dile al Señor que le preste especial atención esa persona, bendice al amigo, al enemigo, la comida que calma tu hambre, al agua que te quita la sed, al animalito indefenso e inofensivo, a la fiera y a la serpiente venenosa. Una bendición de San Francisco, hizo que el lobo feroz que atacaba la gente en la lejana Umbría, se convirtiera en un manso cordero, el “hermano lobo”. 

Segunda parte. 

Alberto Magno, el gran Obispo Bávaro, nacido cuando empezaba el siglo XIII, mantuvo una gran devoción por las benditas almas del purgatorio, pero después de rezar sus oraciones por las intenciones de las almas, les enviaba la bendición alzando su mano derecha, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cuentan su biógrafos que no solo una, sino muchas veces, vio que por una escalera del Purgatorio al Cielo,  subían centenares de almas, atraídas por el rostro sonriente de Jesús. 

San Juan de la Cruz, el famoso poeta español y mejor sacerdote, venerado por los Luteranos y los Anglicanos, además de la Iglesia Católica, tuvo también en muchas oportunidades la misma visión de San Alberto, pero con frecuencia quedaba como en éxtasis cuando impartía la Bendición al final de la Eucaristía. Veía con asombro cientos de aves negras salir del cuerpo de las personas y abandonar la iglesia con unos graznidos que erizaban su piel. 

Finalmente, el Señor me concedió la gracia de ir al santuario de la virgen de Lourdes, en alguna oportunidad y pude ser testigo de uno de los tantos milagros que se realizan con frecuencia. Al caer la tarde, un miércoles, un sin número de personas venidas de todas partes del mundo, desfilan por las avenidas del santuario, rezando el santo rosario, cada avemaría en un idioma diferente, al terminar la vuelta, los obispos que acompañan la procesión, oran por los enfermos. Asisten paralíticos y muchos parapléjicos, ayudados por familiares o personas cuyo trabajo es conducir a estos enfermos del hotel al Santuario, todo tipo de enfermos, lisiados, con brazos o piernas amputadas, muchos en muletas, con bastones,  con todo tipo de aparatos ortopédicos…Después de la oración el obispo pasa por cada silla en donde esperan los enfermos, dando la “BENDICION” con la Custodia que contiene la sagrada Hostia. De pronto se oyó un grito que retumbó entre la muchedumbre, de un parapléjico de nacimiento que se levantó de la silla, después de recibir la bendición con la custodia: “Puedo levantarme con mis propias fuerzas, , bendito sea Dios, gracias Señor, gracias, por haberme curado…” gritaba el hombre, de unos 45 años aproximadamente y luego se dejó caer en al suelo en medio de un llanto incontenible. Vinieron muchos paramédicos, representantes del clero, médicos al servicio del santuario, enfermeros, religiosas y un notario para certificar lo que estaba sucediendo. Una vez superado el procedimiento legal, levantaron al hombre, no quiso tomar las muletas que le ofrecían, ni la silla de ruedas, se apoyaba en las personas que lo conducían, pero caminaba casi normal por en medio de la muchedumbre que daba alabanzas y gracias a Dios y a la Virgen de Lourdes por el milagro realizado. Era un verdadero paroxismo.  No es muy común este tipo de milagros, lo cierto es que la gruta, en el sitio en donde apareció la virgen, está atestada de muletas, bordones, aparatos, ganchos, sillas, ruedas sueltas, todo lo que supuestamente utilizaron los enfermos. Un comité especial de la gruta, solo permite colocar allí artefactos de personas que comprobadamente han recibido el milagro de la virgen y se han curado. 

Nunca nos cansemos de bendecir, de pedir bendiciones, de recibir con piedad y agradecimiento todo tipo de  bendiciones y de todas las personas que a bien tengan dárnosla, especialmente de los padres, de personas dedicadas al servicio de Dios o de la Iglesia, de los niños, de los pobres y de los no favorecidos por la fortuna, de los enfermos que sufren con paciencia su enfermedad. La bendición de nuestra propia madre, nos libera de todos mal y peligro, si ha muerto se le debe orar al Señor por su alma y al final decirle “Bendición mamá”. La paz que se siente inmediatamente es una prueba fehaciente del poder de su bendición.  La bendición a los hijos o de los hijos, es una orden al Señor, que El obedece prontamente, en su inmensa generosidad. La bendición al enfermo lo cura o lo fortalece, al impío le toca el corazón, al santo lo engrandece y le abre el camino al Señor, la bendición del santo, del virtuoso inunda nuestra alma de paz, de entendimiento, de luz para ver con claridad el camino que el Señor nos tiene señalado. Si añadimos a la Sma. Virgen en la bendición, ella se convierte en persona muy exigente para que su hijo se comprometa y asista al bendecido y al que da la bendición. 

Bendito y alabado sea el Señor, bendito sea su santo nombre, sea bendito toda persona que se interese por estas líneas escritas con el corazón y con la bendición del Señor, con el respeto y el aprecio que siempre he tenido por mis Hermanos en Cristo. 

Ervin A. Figueroa.

Pembroke Pines, 2009 

Tercera parte 

 

BENDICION 

Tomado de la “Unidad Católica” Ed. Chinácota. Pamplona, Col. Norte de Santander. 

"Después de haber vivido "decentemente" en la tierra, mi vida llegó a su fin

Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre una banca, en la sala de espera de lo que imaginaba era una Sala de Jurados. La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en la banca de los acusados.

Cuando miré a mi alrededor vi al "Fiscal
", quien tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente, era la persona mas demoníaca que había visto jamás.

Me senté, miré hacia la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar.

La puerta de la esquina se abrió y apareció el Juez, vestido con una túnica impresionante. Su presencia demandaba admiración y respeto.

Yo no podía quitar mis ojos de El, se sentó y dijo "Comencemos".

El Fiscal se levantó y dijo " Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar porque este individuo debe ir al Infierno". Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de cosas que había robado en el pasado cuando engañaba a otras personas. Satanás habló de otras horribles cosas y perversiones cometidas por mi persona, y entre más

Hablaba más me hundía en mi silla de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi Abogado, a medida que Satanás mencionaba pecados que hasta había totalmente olvidado.

Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que estaba diciendo de mí, e igualmente molesto con mi abogado, quien estaba sentado en silencio sin ofrecer ningún argumento de defensa a mi favor.

Yo sabía que era culpable de las cosas que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi vida, no podrían esas cosas buenas por lo menos equilibrar lo malo que había hecho?

Satanás terminó con furia su acusación y dijo "Este individuo
debe ir al Infierno, es culpable de todos los pecados y actos que he acusado, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario. Por fin se hará justicia este día".

Cuando llego su turno, mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al Juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara, pese a las fuertes protestas de Satanás. Cuando se levantó y empezó a caminar lo pude ver en todo su esplendor y majestad.
Hasta entonces me di cuenta por que me había parecido tan familiar, era Jesús quien me representaba, Mi Señor y Salvador. Se paró frente al Juez, suavemente le dijo "Hola Papa", se volvió para dirigirse al Jurado: "Satanás esta en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar esas acusaciones. Reconozco que el castigo para el pecado es muerte y este hombre
merece ser castigado.
Respiró Jesús fuertemente, se volteó hacia su "Padre" y con los brazos extendidos proclamó: "Sin embargo, Yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna, y él me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío".
Mi Salvador continuó diciendo "Su nombre está escrito en el libro de la vida y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia, sino misericordia."

Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miró a su Padre y suavemente dijo "No se necesita hacer nada más, lo he hecho todo".

El Juez levantó su poderosa mano y golpeando la mesa fuertemente las siguientes palabras salieron de sus labios: "Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad... caso concluido".

Cuando mi Salvador me conducía fuera de la Corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: "No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio".
Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté "Ha perdido algún caso?" Cristo sonrió amorosamente y dijo:

"Todo aquel que ha recurrido a mi para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto
tuyo..... Pagado en su totalidad". 

“La Unidad Católica” Pamplona, (Col)

¡Que bendición! No hay mandamiento más grande que amar a tu prójimo como a ti mismo". Qué tal ese HOLA PAPA? del Abogado al Juez? !Conmovedor, cierto?.

ORACION 

 

 

 

Padre Celestial, Te ruego bendigas a mis familiares y amigos que están leyendo esto, ahora mismo! Señor muéstrales una nueva revelación de tu amor y poder. Espíritu Santo, ilumina sus espíritus en este preciso momento.
Donde haya dolor, muéstrales tu paz y misericordia.
Donde haya duda, trasmíteles confianza renovada en Tu habilidad para conducirlos a través de la duda.
Donde haya cansancio y agotamiento
te ruego les des entendimiento, paciencia, y fortaleza para que aprendan a ser sumisos a Tu liderazgo.
Donde haya estancamiento espiritual, te ruego los renueves haciéndoles sentir tu cercanía, atrayéndolos a una mayor intimidad contigo.
Donde haya temor, revela Tu amor y llénalos de Tu valor.
Donde el pecado los esté ofuscando
, revélate a ellos, y libéralos de las cadenas del pecado.
Bendice sus trabajos y sus negocios, concédeles una mayor visión, mueve líderes y amigos para apoyarlos y ayudar a los necesitados. Concédeles discernimiento
para reconocer las fuerzas satánicas que se mueven a su alrededor y revélales el poder que tienen en Ti para derrotarlas. Te pido estas cosas en el nombre del Señor!

AMEN."

 

 

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